Estabas durmiendo, podrías jurarlo. Estabas durmiendo y te ha despertado la sensación de una presencia extraña a los pies de tu cama. La percibes, tus ojos siguen cerrados, ni siquiera te has movido, pero tus sentidos se han abierto de par en par.
Alguien te observa, en la oscuridad, mientras duermes. Lo hueles, dirías que oyes su respiración, muy cerca de tu oído, tal vez quiera susurrarte algo, o tal vez sea el roce de sus ropas contra tus sábanas.
Te mata la curiosidad y te come la inquietud y, sin embargo, jamás osarías abrir los ojos y enfrentar la realidad. La realidad puede ser peor que cualquiera de tus miedos.
Por tu cabeza pasan en cuestión de segundos visitantes de dormitorio, abducciones extraterrestres, súcubos, apariciones marianas, asesinos psicópatas, espíritus del más allá, poseídos, tipos extraños con gabardina y patitas de cabra, dragones de fantasía, niños japoneses con voz cavernaria, monstruos que salen del armario, chicas en camisón con las cuencas de los ojos huecas, revelaciones divinas, impregnaciones del pasado, trastornos mentales, universos paralelos, puertas interdimensionales, reptilianos, anunnakis, ángeles caídos, arcángeles no caídos, tunas que cantan serenatas, ladrones, secuestradores, ratas, culebras y otros insectos, vampiros, zombies, infectados, hologramas, proyecciones del más allá, hombres de las estrellas, máquinas del tiempo, presentadores de telediario, sátiros, ninfas, descuartizadores, chupacabras, hombres del saco, genios de la lámpara, calaveras portadoras de guadañas, demonios tentadores, almas en pena, fantasmas interiores, los placeres más sublimes y las torturas más terroríficas.
Pero sabes que la realidad puede, perfectamente, superar a la ficción.
Así que continúas con los ojos cerrados y tratas de volver a dormirte. Piensas que si tiene que pasar algo, ya pasará. Comienzas a contar ovejitas que saltan vallas...
miércoles, 12 de enero de 2011