Imagina que el mundo solo existe porque nosotros lo concebimos, que es verdad lo que nos cuentan los más radicales de entre los subjetivistas.
Imagina que no hay realidad más allá de ti mismo, que tú creas el mundo y que absolutamente nadie sabe cómo ese mundo, tu mundo, realmente es. ¿Y si cada uno de nosotros viéramos un mundo absolutamente diferente? ¿Y si lo que tú llamas azul no se parece en nada a lo que llamo azul yo?
Imagina que con cada sujeto perceptor que desaparece, desaparece también un mundo, "su" mundo particular. Que todo en ese mundo deja de existir si nadie lo percibe. ¿Hace algún ruido un árbol que cae, absolutamente solo, en mitad del bosque?
Solo existe, según esto, lo que percibimos. Por eso no existen más galaxias que las que, como mucho, intuimos, y si descubriéramos alguna nos sentiríamos como si la hubiésemos creado. Por eso existe Batman, y Sancho Panza, y Luke Skywalker. Porque existen, en tu imaginación o en la mía, o en un mundo que creemos imaginación y es tan real como el que creemos habitar. ¿Qué más da dónde existen, si el caso es que existen? Y si lo dudas, ¿por qué no te extraña que te esté hablando de ellos?
Imagina ahora que desaparece el ser humano, así, en general, que se apagan a la vez todos los mecanismos receptores del mundo. Adiós mundo, adiós universo, girando en el vacío como un árbol cayendo solo en el bosque.
Siempre nos quedarán los dioses, no obstante, para crear nuevos sujetos que creen nuevos mundos al comprobar que, efectivamente, están en ellos. Y si no, que los imaginen, ¿no?, si esa es otra forma de existir.
¿Y si los dioses dejan de existir? O peor aún: ¿y si los dioses existen, igual que existe todo lo demás, únicamente porque nosotros los percibimos?
Imagina.
lunes, 17 de enero de 2011