miércoles, 28 de marzo de 2012

No soy humano

   Uno se despierta, se despereza, se levanta, tal vez después de una noche intranquila. Se prepara un café, lo sirve en la taza, toma asiento junto a la mesa de la sala de estar, da un par de sorbos a la bebida. Allí, con la mirada perdida y los pensamientos todavía en formación, uno piensa que está preparado para afrontar todos los imprevistos que guarde la jornada.
     Entonces algo extraño sucede. Un silencio ensordecedor, una corriente de aire helado, la sensación inexplicable de que el tiempo se ha detenido. Justo en ese momento aparece algo en el suelo, una masa informe del tamaño de una bolsa de basura y de textura gelatinosa. Uno no puede evitar fijarse en ella, está allí, en la sala de estar, y la sorpresa se torna mayúscula cuando esa especie de blandiblú establece comunicación telepática:
     "Soy tu yo del futuro. En mi tiempo ya no existe el cuerpo físico, es esa la razón por la que todas las mentes que han existido y han sido regeneradas adoptan formas como esta. Eres el elegido para salvar nuestro mundo, que en realidad es también el tuyo. Ha llegado tu hora. Solo cuando el discípulo esté preparado aparecerá el maestro. La Hermandad pretende eliminar el bien de la Tierra. Tenemos que hablar seriamente".
     En tales circunstancias, uno solo puede pensar que se ha vuelto loco. Un trozo de plastilina que pretende ser yo, una gelatina humana...
     El problema de la comunicación telepática es que deja escapar, en ocasiones, pensamientos privados. El bicho debió oír esto último, porque se irguió, tomó la forma de un rostro humano, y con una voz de otro mundo, con un deje aterrador, tronó:
     - No soy humano...
     Luego desapareció, instantáneamente, como había aparecido.
     En momentos así uno no puede dejar de sentirse mal, de intuir que una masa informe de otra dimensión se ha enfadado porque ha sido catalogada de humana. Tenemos que hablar, dijo, como una advertencia entre el montón de sandeces que soltó en cuestión de segundos.
     Un nuevo sorbo de café, ya casi se enfriaba. Pues no. No siempre se levanta uno preparado para afrontar todos los imprevistos de la jornada.

lunes, 19 de marzo de 2012

Últimas noticias

     Reconozco que no pude ocultar mi consternación cuando esta mañana me han comentado la noticia que arrasa en todos los blogs de actualidad, en Twitter, en Facebook, en Youtube, en las ediciones digitales de los periódicos y revistas... no pude ocultarla, sobre todo, por la vergüenza que sentí al ser, aparentemente, el último en enterarme:
- Pero, ¿no lo sabes?
- ¿El qué?
- ¿De verdad que no lo sabes?
- Que no sé el qué.
- Pues lo saben todos...
     Al final me lo dijeron:
- Anteayer Nietzsche salió en la tele alemana y dijo cosas muy graciosas, y ha formado un gran revuelo, el vídeo tiene millones de visitas...
     La noticia, repito, me dejó anonadado y, como puede suponerse, plagado de dudas, así que comencé un interrogatorio desesperado:
- ¿Friedrich Nietzsche, el filósofo?
- Yo qué sé, ese será, un tío viejo...
- Lleva muerto más de cien años.
- Sí, eso dice al principio, creo, que había pactado su regreso no sé cuánto tiempo después de su muerte, que su hora había llegado, jaja, era muy gracioso...
- ¿Y si salió anteayer por qué es noticia hoy, por qué no salió ayer?
- Anteayer salió en la tele, así que hoy está en la red. Ya lo sabes, hombre, nadie ve ya la tele, nadie salvo los cuatro locos que luego cuelgan en la red los mejores momentos...
- ¿Y bien?
- ¿Y bien, qué?
- ¿Qué pasó con Nietzsche?
- Pues que es récord de visitas y Trending Topic y todo lo que quieras. Además el tío salió vistiendo a la antigua, y no veas cómo lo critican los programas del corazón. Puff, y ese bigote tan setentero...
- Pero, ¿qué fue lo que dijo?
- Yo qué sé, dijo un montón de palabrotas, la cadena las tapaba todo el rato, además estaba en alemán, hay por ahí una versión con subtitulos, pero creo que son fake...
     Parpadeé entonces ligeramente y tragué saliva, preparando mi siguiente alocución:
- ¿Me estás diciendo que el gran filósofo de la modernidad sale de entre los muertos con un mensaje que transmitir y nadie le hace el más mínimo caso, que se quedan en criticar sus ropas y bigote y en reírse de su tono vehemente?
- ¿Tono qué? A ver, qué muertos, el tío no era zombie ni nada, lo que era es un carca pasado de moda, y qué mensaje va a transmitir, en el Facebook leí que el tío lleva un huevo de años sin escribir nada interesante...
- Claro, estaba muerto... Entonces, ¿dónde puedo hacerme con su mensaje?
- ¿Entero? No creo que lo subieran entero, es largo, no haría tanta gracia. Yo creo que no lo tienen entero ni en la ZDF. Si acaso búscate un resumen por internet y tal... pero vamos, vaya muermo, ¿no?

lunes, 12 de marzo de 2012

A cuánto está la carne de unicornio

     Todavía existen algunas zonas, en los contornos de esa inmensa masa forestal que en el Estado federado alemán de Baden-Wurtemberg se conoce como Schwarzwald, la Selva Negra, en las que el unicornio ocupa un lugar en las listas de precios y productos de ciertos restaurantes y establecimientos carniceros.
     De todos es sabido la inclinación por la carne de unicornio en esta zona desde épocas pretéritas. Ya Cornelio Tácito hace referencia a la costumbre en ciertas tribus germánicas, tales como los suevos, marcómanos y turingios, a devorar carne de este équido en ciertos momentos del año, así como antes y después de entrar en combate. Según la tradición, la carne de unicornio, devorada bajo ciertas condiciones, proporcionaba al guerrero una energía y valor extremos.
     Carlomagno lo supo, por supuesto, de modo que eran famosas sus partidas de caza que, desde Aquisgrán, cruzaban medio Imperio para hacerse con ejemplares comestibles de entre los unicornios que pastaban a orillas del Neckar.
     Ha de admitirse, no obstante, que comer hoy en día un buen solomillo de unicornio es misión casi imposible, pues tanto en carnicerías como en restaurantes los precios de la carne de unicornio, incluso en cantidades mínimas, son astronómicos, y el producto, de hecho, suele darse por agotado. A ello hay que unir que, según las crónicas, el último unicornio fue cazado y devorado a finales del siglo XV, dato que es comúnmente aceptado como verídico incluso en las más altas esferas académicas y científicas.
     Con todo, y aunque inmerso en un halo de leyenda, el unicornio continúa siendo apreciado en un buen puñado de aldeas del suroeste alemán como un manjar entre privilegio de elitistas y secreto de hechiceros, pues solo unos u otros tienen acceso a sus beneficiosas cualidades. En cualquier caso, y como consejo, habría que recomendar a cualquier viajero que se encuentre ante la posibilidad de degustar la mencionada carne, que no dude, bajo ningún concepto, en hincarle el diente.
   

sábado, 3 de marzo de 2012

Dispárame

     No todos los días te visita una celebridad. Por lo general se piensa que la vida de un detective privado está llena de acción y pasión, de sobresaltos, romances y peligros, pero nada más lejos de la realidad. De hecho, la vida de un detective privado suele ser bastante aburrida.
     Tampoco hay que pensar en la visita de un famoso como algo especialmente excitante, sobre todo si es uno de esos tipos planos e insulsos que han saltado a las portadas de las revistas después de la participación en un reality de moda y la aparición en tres o cuatro programas del corazón.
     Otra cosa es que el tipo en cuestión, aún más estúpido al natural que en la pantalla, se plante ante ti y te pida que le dispares. Así, tal cual:
     - Necesito que me dispare - mientras se atusa el pelo y sonríe como un bobo.
     - ¿Perdón?
     - Sí, necesito que me dispare, quizá el sábado... tengo un sarao al que asistir, la presentación de no sé qué perfume...
     Entonces, el tío te cuenta que su índice de popularidad está descendiendo, que los paparazzi ya no le buscan y que los programas y revistas rosas no le hacen ofertas por exclusivas; que sobrevivir a un atentado sería una solución pintiparada, y utiliza esa palabra, el tío, "pintiparada"; que yo podría dispararle y desaparecer, todos pensarían que habría sido un seguidor desequilibrado o un fanático envidioso.
     - Incluso podría hacerlo más de una vez.
     - ¿Cómo?
     - Sí, sobrevivir a varios atentados me daría fama y reconocimiento mundial... tal vez tres o cuatro... uno al mes, por ejemplo, para no abusar...
     Piensas que te están tomando el pelo, pero el tipo es de verdad, es el de la tele, y parece que te lo pide en serio.
     - Eso sí, asegúrese de fallar el tiro...
     Entonces piensas en el gran favor que le harías a la humanidad si no lo fallaras. Un disparo entre ceja y ceja, un trabajo fino de francotirador. Hasta la víctima te lo agradecería desde el más allá cuando se viera encumbrada, cuando todos hablaran bien de él, cuando su funeral se convirtiera en un desfile de fantoches esperpénticos.
     - De acuerdo, puedo hacerlo - le dices finalmente. - Pero cobro por adelantado.
     Y piensas en sacar el rifle del armario y salir de caza el sábado, para practicar un poco...