Imaginen que se les diera la posibilidad de asesinar a alguien. Nada de sangre, ni de investigaciones policiales, nada farragoso. Algo así como chasquear los dedos y, ¡plin!, de repente la persona que ustedes quieren desaparece para siempre de la faz de la tierra.
¿Han pensado ya a quien eligirían? ¿Al típico pesado de su entorno que no les deja en paz, al vecino o al jefe tocanarices, a algún personaje público famoso?
No sé, yo creo que elegiría a algún anónimo, alguien sin importancia, a los famosos y reconocidos ya los matarían los demás, porque este asunto hay que tratarlo democráticamente, claro, y todos tendrían derecho a elegir a una persona del mundo a quien eliminar. Algunos candidatos obtendrían millones de votos, otros sólo uno, pero todos acabarían por desaparecer.
La cuestión ahora es: ¿creen ustedes que, en caso de que se llevara a cabo semejante referéndum, ustedes sobrevivirían a las ansias asesinas de sus congéneres? ¿Ven ustedes, mirando a su alrededor, alguien que pudiera desear eliminarles?
Yo estoy seguro de no quedar con vida. No sé, sin embargo, quién pretendería ser mi asesino. Igual más de los que imagino...
lunes, 10 de marzo de 2008