jueves, 28 de junio de 2012

Las serpientes no miran al cielo

     Cuentan que hubo un tiempo en que las serpientes volaban, en que las islas navegaban por los océanos, en que los gigantes cocinaban a la lumbre de los volcanes.
     Luego llegaron los dioses, sometieron a las serpientes, que desde entonces no hacen otra cosa que arrastrarse por el suelo, anclaron todas las islas a las profundidades del océano para que jamás pudieran moverse, destruyeron a los gigantes, quienes habían osado plantarles cara.
     Hay quien dice que las serpientes, aún avergonzadas de su derrota, no osan mirar al cielo del que llegaron los dioses, y que caminan con la cabeza gacha por temor a descubrirse en un gesto que alguien desde arriba pudiera considerar ofensivo.
     Otros, sin embargo, aseguran que miran al suelo para encontrar la manera de desanclar las islas y utilizarlas, entonces, para iniciar su venganza contra los dioses. Los gigantes, por desgracia, fueron exterminados. Es por ello que, probablemente, las serpientes necesiten de la ayuda de los humanos para llevar a cabo sus planes. Pero los humanos son estúpidos, no hacen más que mirar al cielo y perderse en su inmensidad, y preguntarse quiénes son, y llamar a los dioses con desesperación como si no recordaran que estos ya estuvieron de visita.
     Así que las serpientes esperan a que los humanos estén preparados. A que dejen de mirar al cielo y las miren a ellas. A que puedan mirar más allá de sí mismos sin perderse en inmensidades sin sentido. Parece, empero, que ese momento tardará en llegar.
     Tal vez cuando las serpientes vuelen y las islas naveguen...