Hoy se cumple un mes desde mi transformación. Sigue siendo una cuestión difícil de asumir, qué duda cabe, pero creo que lo voy asimilando [...] Poco a poco voy integrándome, lo noto en los gestos de las personas que se cruzan conmigo. Han moderado sus gritos, y ya no salen corriendo, presas del pánico, cada vez que me acerco a ellos. Parece que ya no les extraña verme revolotear entre la basura, ni se espantan cuando me arrojo sobre los excrementos de perro, aunque de sus expresiones de asco colijo que debería moderar estas manifestaciones de mi naturaleza en público [...]
Algunos de mis vecinos comienzan a confraternizar conmigo. Ayer estuve en casa de los Martínez tomando el té. Me hablaron de los valores de la vida en comunidad, de cómo todos intentan comprenderme, pese a que hay quien aún me considera un incordio, sobre todo por los molestos zumbidos que emito continuamente, al menos según ellos. Nada comparable con el hombre mosquito que se instaló en verano en el edificio que hay junto al parque. A él sí que no lo soporta nadie, especialmente por sus incursiones nocturnas en busca de sangre y sus ataques a las partes blandas de sus convecinos [...]
Es curioso, por otro lado, cómo he perdido el contacto con las moscas, antaño mis congéneres y hoy, sin embargo, mis más acérrimas detractoras. ¿Es que no comprenden mi situación? ¿Es que no tienen humanidad? Claro que no, son moscas... Y pensar que yo fui una de ellas no hace mucho...
Mi nuevo estatus, entre mosca y humano, me está convirtiendo en un ser más refinado, con una mente mucho más abierta. Eso sí, aún tengo que pulir ciertas costumbres, como la de posarme en los platos de los demás y babear su comida con mi trompa, o la de frotarme sin cesar las patas, perdón, los brazos.
También tengo que estar más atento. El otro día, sin ir más lejos, pasé tres horas dándome de bruces contra una puerta acristalada hasta que descubrí, un poco por azar, he de admitirlo, que solo tenía que rodearla. Los humanos, tan sofisticados como son, no suelen caer en este tipo de trampas, de modo que para ellos, y aunque por educación jamás me lo echan en cara, estas actitudes constituyen por mi parte una prueba de estulticia...
martes, 17 de julio de 2012