- Vaya, qué faena.
- ¿Y ahora, qué hacemos?
Al mismo tiempo que pronunciaba estas palabras se agitaba, se agachaba y volvía a levantarse, metía las narices a un lado y otro de la máquina.
- Creo que veo dónde está el atasco -concluyó.
Entonces me pidió que me agachara junto a él. Y así, tumbados boca arriba, uno junto al otro, me señaló.
- Mira. ¿Ves allí? Entre las cuchillas.
Yo no veía gran cosa.
- Solo hay que meter el dedo y sacarlo -dijo, mientras me miraba.
Y me siguió mirando, en silencio, como si yo tuviera que decir algo, como si fuera a presentarme voluntario a que me cercenaran el dedo. Menudo cabrón.
- Vamos -dijo, finalmente.
- Vamos, qué.
- ¿Es que no quieres ayudar?
Nos levantamos y nos miramos uno al otro.
- Que te jodan -le dije.
- Que te jodan a ti -me contestó.
Y empezamos a darnos de hostias. Y la trituradora seguía allí, atascada, esperando el momento de dejar sin dedos a alguien.
lunes, 23 de febrero de 2026