domingo, 8 de febrero de 2026

No me dispares

     - Estoy harto de tus mentiras, chaval. ¡Deja de mentirme! ¿Dónde escondiste el dinero?

     Balbuceé estúpidamente. No es fácil encontrar el estado mental adecuado cuando tienes una pistola apuntándote a la sien.

     - ¿Quién eres? ¿De qué coño estás hablando? -susurré, en pánico.

     No había pasado ni un segundo cuando oí un clic junto a mi oído. No sé mucho de armas, pero reconocí con claridad el sonido de un seguro quitándose.

     Hacía buen día. Eso, al menos, es lo recordaba de aquella mañana, cuando miré a través de la ventana de mi habitación. Ni siquiera tuve la oportunidad de salir a la calle. Media hora más tarde me encontraba atado a una silla, habían asaltado mi casa y me estaban amenazando de muerte.

     El viejo tenía toda la pinta de un gánster de Hollywood. Sus ojos, vacíos y oscuros, me miraban con rabia. Su rostro malhumorado parecía lleno de odio.

     - Dime dónde está el dinero. ¡Ahora! -gritó.
     - ¿Cómo quieres que te lo diga? ¡No tengo idea de qué dinero estás hablando! -respondí, al borde de la desesperación, sabiendo que ponía mi vida sobre el tablero.
     - ¡Que te calles, Rober! Solo tienes que decirme lo que quiero saber, chavalito...

     Golpeado por aquel nombre, levanté la vista y lo miré a los ojos.

     - No me llamo Rober, falso gánster de mierda. Tú no sabes qué aspecto tiene ese tal Rober, ¿verdad? -dije con parsimonia, asegurándome de ser comprendido.
     - Sí claro, tú no eres Rober. Y no estamos en el número 5 de la calle Luz, ¿no? -rio.

     Casi pierdo los nervios.

     - Este es el número 5 de la calle Luna, gilipollas.

     Lo vi en sus ojos. En ese mismo momento fue consciente del terrible error que había cometido. Ahora estaba pensando en usar su arma para evitar dejar testigos.

     - ¿Sabes qué? -dije educadamente, tratando de sacar mi tono más persuasivo. - Solo ha sido un lamentable malentendido. Por favor, no me dispares... podemos ser amigos... ¿quieres que saque una botella de vino?

     Y le ofrecí la mejor de mis sonrisas.