Si la suerte acompañaba y atravesaba con vida aquel territorio de muerte y destrucción, el explorador se encontraría a los pies del monte que escupía fuego. Tendría entonces que ascender por su ladera, esquivando las llamas que caían del cielo y las que, abriendo la tierra, ardían a sus pies.
Si coronaba la cima, se daría de bruces con las puertas del paraíso, vigiladas por dos arcángeles con espadas ardientes. Solo los elegidos podrán atravesarlas, y aún no existe ser humano que haya regresado para describir su interior, de modo que solo podemos imaginar las bondades que guarda.
- ¿Qué hacemos? -preguntó.
- ¿Pues qué vamos a hacer? Buscar las puertas del paraíso, y atravesarlas.
Así que emprendieron camino con todo el optimismo del mundo como principal equipaje.
viernes, 10 de abril de 2026