viernes, 10 de abril de 2026

El monte que escupe fuego

    Contaban leyendas atávicas que el monte que escupía fuego era la puerta al paraíso. El intrépido explorador que se atreviera a acercarse tendría que atravesar kilómetros de bosques, espesos y poblados de bestias inmundas, lugares donde no llegaba la luz del sol y donde la vida se había desarrollado en forma antinatural y demoniaca.
    Si la suerte acompañaba y atravesaba con vida aquel territorio de muerte y destrucción, el explorador se encontraría a los pies del monte que escupía fuego. Tendría entonces que ascender por su ladera, esquivando las llamas que caían del cielo y las que, abriendo la tierra, ardían a sus pies.
     Si coronaba la cima, se daría de bruces con las puertas del paraíso, vigiladas por dos arcángeles con espadas ardientes. Solo los elegidos podrán atravesarlas, y aún no existe ser humano que haya regresado para describir su interior, de modo que solo podemos imaginar las bondades que guarda.
    - ¿Qué hacemos? -preguntó.
    - ¿Pues qué vamos a hacer? Buscar las puertas del paraíso, y atravesarlas.
    Así que emprendieron camino con todo el optimismo del mundo como principal equipaje.