"Firma el contrato".
No habría habido ningún problema, si no fuera por el pequeño detalle de que él no quería firmarlo. Miró el papel que tenía delante, tomó el bolígrafo. Pensó en alguna manera de negarse, en un acto heroico que, en el último segundo, diera al traste con las ilusiones ajenas y llevara al triunfo de su voluntad. Pero había llegado a un punto en el que eso era complicado.
Notó sobre sí la espada de Damocles, y una enorme presión se aposentó sobre sus espaldas. Pensó que, en el fondo, tampoco era un acuerdo tan malo. Incluso, se diría, era bueno para sus intereses. El único problema era que él no quería firmarlo.
Tragó saliva, alzó el bolígrafo y estampó su firma como quien firma su propia sentencia de muerte. "Tampoco es tan malo...", iba pensando mientras lo hacía. "Tampoco es tan malo...".
sábado, 9 de mayo de 2026