domingo, 5 de julio de 2026

El santuario olvidado

    El pórtico era verdaderamente llamativo, con tracería de estilo gótico que cubría los arcos apuntados. Sutiles figuras de bestias y monstruos, talladas en altorrelieve, saludaban al recién llegado y le advertían sobre los peligros de traspasar el umbral y la veneración que se requería.

    Una vez atravesado el pórtico la luz disminuía y la penumbra daba al lugar el toque siniestro que tan bien se le acomodaba. A derecha e izquierda del vestíbulo de podían observar sendos sarcófagos. Sus pesadas tapas se encontraban desplazadas y, a través de las ranuras, dejaban atisbar el interior.

    El paso del aire a través de las junturas del artesanado remedaba un jadeo constante. Una presencia invisible parecía poblarlo todo, acechante, peligrosa.

    Se decía que, si un visitante, al introducirse en la nave central, notaba una fría mano apoyada en su espalda, no volvería al exterior. El visitante, entonces, quedaba condenado a vagar por las estancias del santuario, espíritu atrapado entre sus muros, para la eternidad.