jueves, 5 de noviembre de 2026

La espera más larga

    Miraba el reloj con una frecuencia inusitada, claro signo de impaciencia. Se sentaba y se levantaba cada pocos segundos, inquieto, sin poder calmarse, como un león enjaulado... y hambriento.

    Una vez, incluso, lo vi saltar, como si pretendiera alzar el vuelo o salir corriendo. Pero nada. Allí seguía, viendo pasar el tiempo.

    Lo vi estar durante un par de horas, y me extrañé. Pasé mirándolo una tarde, y me extrañé aún más. Pasé 24 horas, y luego 48 horas. Después de una semana sin perder su posición, decidí acercarme y conversar con él.

    - Oye, amigo -le dije, con naturalidad. - Veo que llevas aquí una semana esperando. ¿Podrías satisfacer mi curiosidad y decirme qué es lo que esperas?

    El tipo me miró sorprendido.

    - ¿Esperar? No... En realidad, llevo aquí una semana porque te vi mirándome y me picaste la curiosidad. ¿Qué esperas tú?

    Nos miramos, pensando que algo horrible iba a pasar. Una implosión del universo o algo así. Pero no pasó nada.