Dicen que los fantasmas no son corpóreos, que atraviesan las paredes, que podrías atravesarlos sin percibirlo, tan solo una extraña sensación momentánea de frialdad en el alma.
Por supuesto, no sirve de nada dispararles con un arma de fuego, pues la bala continuaría su camino sin alteración alguna.
Tienen suerte, los fantasmas.
Por eso, cuando me encontré ante aquella aberración que me apuntaba a la cabeza, no lo dudé. Levanté mi arma y le disparé. Cayó hacia atrás, herido de muerte. Por supuesto, él había tenido tiempo de dispararme pero, como suponía, la bala pasó por mi cuerpo sin dañarme lo más mínimo y se incrustó en la pared a mi espalda.
Confirmé, de ese modo, mi condición de ente no corpóreo y, al mismo tiempo, entreví un interesante futuro como detective, resolviendo misterios entre dos mundos.
miércoles, 7 de enero de 2026