Había recorrido un par de calles, y girado otras tantas veces, en lugares tan aleatorios que era altamente improbable que alguien a mi espalda llevara la misma dirección que yo. Era evidente que me seguían a mí.
Me giré un par de veces, esperando sorprender al perseguidor. Llegué a verlo, y en cuanto eso sucedía, me giraba y continuaba mi camino. En un momento determinado, comencé a correr. A mis espaldas oí un grito, alguien que pedía que me detuviera.
Una vez confirmado que me seguían, corrí aún más rápido. Corrí con desesperación. A punto estuve de tropezar en más de una ocasión, y de darme de bruces contra un muro, una esquina o un pivote.
Finalmente me detuve, agotado, entregado a mi destino funesto. Observé como mi perseguidor se aproximaba. Portaba en la mano un objeto alargado, y di la vida por perdida.
- Se le ha caído esto -dijo, mientras abría su mano y me enseñaba un bolígrafo negro.
martes, 29 de septiembre de 2026