domingo, 20 de septiembre de 2026

Un paso adelante

    Le había costado un mundo decidirse, pero por fin estaba dispuesto para iniciar la marcha. Justo entonces, sin embargo, observó que alguien venía hacia él. Levantó la vista y sus miradas se cruzaron, cargadas de desconfianza y de sospecha.

    Solo después de estar seguro de que el otro había pasado de largo se dispuso, esta vez sí, a avanzar.

    Lamentablemente, en ese mismo momento observó que un grupo se le acercaba de frente. Los miró. Lo miraron. Gestos serios y ni una palabra. El tipo de gente que agradeces que pase de largo y se aleje de ti.

    Sacudió la cabeza, ligeramente consternado. Ahora sí, no obstante, estaba dispuesto a comenzar el avance inexorable.

    Levantó la cabeza para mirar el horizonte al que se dirigía y lo que vio lo dejó helado. Hordas de personas, un mar de gente caminaba hacia él. Era tanta que la masa humana se perdía en un punto de fuga indeterminado; tanta, que ocupaban todo el ancho del camino.

    No arrancó; no avanzó. Quedó en suspenso, preguntándose si, tal vez, la cosa era que él iba en dirección contraria.

lunes, 14 de septiembre de 2026

La maldición de los malditos

    - Existen objetos malditos. Objetos que convierten las vidas de sus poseedores en auténticas pesadillas.

    Era un tipo extraño, con pinta de iluminado. Pero también era extraño haber acudido a aquella pequeña tiendecita esotérica en una calle apartada en mitad de ninguna parte. Cuando estás desesperado, cualquier cosa vale.

    - ¿Y cómo me libro del objeto maldito? ¿Lo tiro?

    El tipo raro se mesó su barba kilométrica y negó con la cabeza.

    - Si lo tiras a la basura, volverá a ti. No puedes acabar con la maldición.
    - ¿Entonces?
    - Tienes que traspasarla.
    - ¿Traspasarla?

    El tío dibujó una sonrisa.

    - Tienes que coger el objeto maldito y regalárselo a alguien. Así le pasarás la maldición.
    - Por cierto, ¿querrías...?
    - No quiero nada tuyo, capullo. A mí no me des ni la hora.

    Salí de la tiendecita un tanto aturdido. Me eché la mano al bolsillo. Maldito fuera quien creó la maldición. Mis dedos, en el interior, rozaron el tornillo. El tornillo maldito. Joder.

    - A ver cómo regalo un tornillo, y a ver quién es tan tonto de aceptarlo...

domingo, 6 de septiembre de 2026

Mira lo que tengo

    - Mira lo que tengo -me dijo, con un secretismo poco común en él, mientras miraba inquieto a uno y otro lado.

    Sacó entonces de su bolsillo una cajita forrada de terciopelo, y la abrió ante mí, como quien muestra una sortija.

    Miré.

    No me pareció nada interesante, a decir verdad. Una bola aparentemente de plástico, de color amarillo, como de un juego de niños, o de un parque de bolas.

    - ¿Y eso qué es? -pregunté, sorprendido.
    - ¡Baja la voz! -contestó él, haciendo aspavientos con las manos. - ¿Es que no lo ves? Por este objeto me estoy jugando la vida, maldita sea. Creo, de hecho, que me están siguiendo. Son tantos quienes quieren este objeto que, a no ser que se maten entre ellos antes, es muy probable que no vuelvas a verme. Estoy entre la espada y la pared, querido amigo.
    - Pues vaya -dije entonces.

    Miré el objeto. Seguía pareciéndome una bola amarilla de un parque de bolas infantil.

domingo, 30 de agosto de 2026

Un lugar extraño

    Era un lugarejo sin importancia, a medio camino entre la nada y ninguna otra parte. Cuatro casas mal construidas, mal cuidadas, casi derruidas. Se diría que era un pueblo abandonado si existieran pruebas de que, en alguna ocasión, fue un pueblo.

    Al anochecer, sin embargo, los abruptos perfiles de muros en ruinas le daban al sitio un aire lúgubre.

    Más tarde, cuando la noche, se cerraba, aquellas ruinas cobraban vida, y el visitante, que no sabía que era lo último que haría antes de encontrar la muerte, podía observar, sorprendido, ráfagas de luz que brotaban de entre las piedras.