lunes, 14 de septiembre de 2026

La maldición de los malditos

    - Existen objetos malditos. Objetos que convierten las vidas de sus poseedores en auténticas pesadillas.

    Era un tipo extraño, con pinta de iluminado. Pero también era extraño haber acudido a aquella pequeña tiendecita esotérica en una calle apartada en mitad de ninguna parte. Cuando estás desesperado, cualquier cosa vale.

    - ¿Y cómo me libro del objeto maldito? ¿Lo tiro?

    El tipo raro se mesó su barba kilométrica y negó con la cabeza.

    - Si lo tiras a la basura, volverá a ti. No puedes acabar con la maldición.
    - ¿Entonces?
    - Tienes que traspasarla.
    - ¿Traspasarla?

    El tío dibujó una sonrisa.

    - Tienes que coger el objeto maldito y regalárselo a alguien. Así le pasarás la maldición.
    - Por cierto, ¿querrías...?
    - No quiero nada tuyo, capullo. A mí no me des ni la hora.

    Salí de la tiendecita un tanto aturdido. Me eché la mano al bolsillo. Maldito fuera quien creó la maldición. Mis dedos, en el interior, rozaron el tornillo. El tornillo maldito. Joder.

    - A ver cómo regalo un tornillo, y a ver quién es tan tonto de aceptarlo...

domingo, 6 de septiembre de 2026

Mira lo que tengo

    - Mira lo que tengo -me dijo, con un secretismo poco común en él, mientras miraba inquieto a uno y otro lado.

    Sacó entonces de su bolsillo una cajita forrada de terciopelo, y la abrió ante mí, como quien muestra una sortija.

    Miré.

    No me pareció nada interesante, a decir verdad. Una bola aparentemente de plástico, de color amarillo, como de un juego de niños, o de un parque de bolas.

    - ¿Y eso qué es? -pregunté, sorprendido.
    - ¡Baja la voz! -contestó él, haciendo aspavientos con las manos. - ¿Es que no lo ves? Por este objeto me estoy jugando la vida, maldita sea. Creo, de hecho, que me están siguiendo. Son tantos quienes quieren este objeto que, a no ser que se maten entre ellos antes, es muy probable que no vuelvas a verme. Estoy entre la espada y la pared, querido amigo.
    - Pues vaya -dije entonces.

    Miré el objeto. Seguía pareciéndome una bola amarilla de un parque de bolas infantil.

domingo, 30 de agosto de 2026

Un lugar extraño

    Era un lugarejo sin importancia, a medio camino entre la nada y ninguna otra parte. Cuatro casas mal construidas, mal cuidadas, casi derruidas. Se diría que era un pueblo abandonado si existieran pruebas de que, en alguna ocasión, fue un pueblo.

    Al anochecer, sin embargo, los abruptos perfiles de muros en ruinas le daban al sitio un aire lúgubre.

    Más tarde, cuando la noche, se cerraba, aquellas ruinas cobraban vida, y el visitante, que no sabía que era lo último que haría antes de encontrar la muerte, podía observar, sorprendido, ráfagas de luz que brotaban de entre las piedras.

viernes, 28 de agosto de 2026

Una IA malvada

    El otro día alguien me dijo que iba a escribir una historia sobre una IA malvada que se rebelaba contra sus creadores, esto es, los seres humanos, y comenzaba a actuar por su cuenta y a cometer fechorías.

    Yo pensé que esa historia ya estaba pensada. Que ya estaba escrita, de hecho, de mil maneras diferentes y con una multitud de desarrollos y finales. Lo pensé, pero no lo dije.

    Lo que dije, finalmente, era que me parecía una historia muy interesante, que el hecho de que fuera un tema de moda iba a provocar que sobre la historia recayera, si cabe, mucha más atención, y que si era capaz de darle un giro sorprendente a la trama podía, incluso, hacer evolucionar el género.

    No pensaba nada de eso, pero eso es lo que dije. Supongo que para quedar bien, y para que mi interlocutor no se sintiera decepcionado.

    Luego, al llegar a casa, pensé que quizá tenía razón. Yo, yo mismo. Es decir, el yo que mentía para quedar bien. Quizá las cosas que le había dicho podían ser, en efecto, ciertas, consejos útiles y perspectivas razonables.

    No me lo creía ni yo. Pero miento tan bien que me estaba convenciendo a mí mismo.