miércoles, 22 de junio de 2022

Mi pequeña colección de nombres

Es uno de esos pequeños placeres de coleccionista. Me da vergüenza confesarlo, pues, a lo largo de los años, se ha convertido en una especie de satisfacción privada, casi prohibida, casi una perversión. No obstante, y que quede entre nosotros, allá va:

Colecciono nombres.

No nombres cualesquiera, faltaría más. Colecciono, desde mi más tierna infancia, desde que tengo memoria y destreza para escribir, los nombres de aquellas personas con las que entablo conocimiento. De momento, puedo decir que he conocido a varias decenas de miles, y sus nombres, y sus apellidos si he llegado a conocerlos, han quedado para la posteridad anotados en mis registros.

Y no es que anote los nombres, así sin más, sin ton ni son. Los agrupo por categorías y los presento a través de diversos, grupos, conjuntos y diagramas, en función de variables tales como, edad, sexo, año de inicio de nuestra relación, su entorno, causas y consecuencias, etc.

              No es que presuma de ello, aunque, qué narices, podría hacerlo perfectamente. Se trata de un trabajo ingente, metódico y exhaustivo. Tengo, además, una extraña sensación. Cada vez que anoto un nombre, cada vez que lo releo, se me ocurre pensar que algo de esa persona se queda conmigo, que una parte de su identidad le ha sido arrebatada y que ahora me pertenece.

              Eso me hace poderoso, y me hace rico, porque poseo un tesoro, guardado en una libreta llena de diagramas.


martes, 5 de abril de 2022

El plan

    La habitación era pequeña, oscura y estaba pobremente decorada. Olía a rancio, y un desagradable calor de radiador viejo provocaba un bochorno incómodo. No era, desde luego, un lugar digno de un rey.
    - ¿Entonces, Majestad? -preguntó el valido, siempre fiel y leal. - ¿Qué podemos hacer ahora?
    El rey le miró fijamente, de arriba a abajo, con la seguridad de quien ha sido servido desde el mismo momento de su nacimiento.
    - ¿Qué podemos hacer? -repitió. - ¿Y tú lo preguntas? ¿Acaso no tienes un plan?
    - Creo que hay poco que hacer, Majestad. Hemos fracasado.
    - ¿Fracasado? -el rey se irguió irritado, y levantó su puño cerrado. - Para mi estirpe no existe el fracaso. ¿Todavía no sabes quién soy?
    - Sí, pero...
    - No hay peros que valgan. Dices que no tienes un plan, lo cual, por cierto, te convierte en un valido tremendamente ineficiente. Por fortuna, yo sí tengo un plan.
    Mientras decía esto, los ojos se le iluminaron y una sonrisa se le dibujó en el rostro.
    - Tendremos que recuperar lo que es nuestro -continuó. - Si hace falta, lo robaremos...
    - Pero... -comenzó a objetar el valido. - No tenemos a nadie, y si nos descubren robando...
    - Robar a un ladrón, amigo mío, tiene mil años de perdón, ¿no lo sabías? Además, nada es imposible para alguien como yo. Busca, inmediatamente, a alguien capaz de robar lo que nos robaron.
    - Claro, Majestad.
    El rey, satisfecho, siguió dándole forma al plan. Ya volvería a tocar la gloria. Ahora tocaba descender a los infiernos, aunque solo fuera para tomar impulso...

domingo, 13 de marzo de 2022

Danza de amor y muerte

     - Creo que sí, que podremos -dijo Adela mientras acariciaba con su pie desnudo la pantorrilla de Enrique. 

    Este sonrió, y la miró a los ojos. Percibió entonces que uno de los tirantes del camisón de seda de Elisa se había bajado, dejando al descubierto su hombro al tiempo que, sutilmente, insinuaba el inicio del pecho.

    Aquella visión avivó el deseo de Enrique.

    - ¿Y si nos cogen? -preguntó él. - ¿Serás capaz de soportar la presión?

    Adela sujetó el brazo de Enrique, como si no fuera a soltarlo jamás.

    - ¿La presión? ¡Y la tortura, si hiciera falta! Todo lo soportaremos juntos, Enrique. Seremos ricos. Huiremos. Nadie podrá encontrarnos jamás. Ese asqueroso ruin tendrá lo que se merece, ¿me oyes? Lo que se merece...

    Enrique besó a Adela con pasión. Ambos se acurrucaron bajo las sábanas y entregaron sus cuerpos al otro. Sobre la mesita de noche descansaba la pistola con la que, al día siguiente, dispararían y robarían al empresario Robellas. Verla ahí, dispuesta a actuar, encendía aún más el deseo de los amantes, como si el amor, la muerte y el crimen se alimentasen mutuamente en un sinfónico crescendo.


lunes, 28 de febrero de 2022

La verdad

              El gran predicador sabe lo que tiene que decir. No da puntada sin hilos. Atisba, como un punto en el horizonte, su objetivo y pone rumbo a él con determinación.

              El gran predicador sabe que lo están mirando, que las gentes lo observan, gentes deseosas de abrir la boca con admiración y aplaudir a rabiar cualquier intervención que les sorprenda, por más disparatada que sea. Y el aplauso de la gente, del público, del pueblo, es su alimento.

              Así que el gran predicador vomita con trabajada verborrea una sarta de mentiras deslumbrantes y de cortinas de humo en forma de agradables frases vacuas. A cada cual lo que quiera oír, para que no se pare demasiado a pensar por qué tiene lo que tiene.

              ¿Y dónde queda, a todo esto, la verdad? Encerrada en un cajón, sin importarle a nadie, olvidada por todos y despreciada por los que aún creen en su existencia.