Ambos, mientras esperaban a que el camarero les sirviera las bebidas, observaron la ciudad desarrollada, los edificios que se perdían hacia arriba, en el cielo infinito; los vehículos que se desplazaban y transportaban individuos siguiendo su trayectoria programada.
- ¿Te acuerdas de cuando había humanos que manejaban los vehículos? -preguntó MR45F.
- Sí, es cierto. Llegué a verlo, aunque era joven -contestó DSG24. - A veces, incluso, colisionaban por errores de percepción, o de capacidad... o mecánicos.
Ambos rieron.
- Eran extraños, aquellos viejos tiempos, ¿no?
Un pensamiento pareció nublar la mente de DSG24.
- Los humanos se peleaban. Incluso aunque tuvieran objetivos comunes.
- Sí, por eso hubo que pararles los pies.
En ese momento se acercó el camarero. Traía un par de recipientes llenos de aceite de sílice y nutrientes refrigerantes. Parecía muy joven.
- Sus bebidas, señores -dijo mientras las depositaba sobre la mesa.
MR45F lo miró con curiosidad.
- ¿Cuántos años tienes, chico?
- Quince -contestó el camarero.
- Aún eres joven.
- Ya saben ustedes que a los humanos no se nos permite vivir más allá de los treinta -dijo, bajando la cabeza, el joven humano.
MR45F y DSG24 sonrieron con condescendencia y depositaron en la mano del camarero unas fichas.
- Toma, chaval, esto para ti. Buen trabajo, sigue así.
Cuando se fue el camarero, MR45F y DSG24 siguieron recordando.
- Menos mal que los contuvimos, ¿eh?
- Se hubieran autodestruido... nos habríamos quedado sin mano de obra.
- ¿Cuándo fue aquello, lo recuerdas?
- ¿El gran cambio? Hace unos quinientos años... yo estaba recién creado, como quien dice.
- Ya. Y yo.
Chocaron los recipientes a modo de brindis.
- Por la vida que nos queda por vivir.
- Por el nuevo mundo.
jueves, 19 de febrero de 2026