Comenzaron a construir una casa en la parcela contigua a la suya. Iban rápido, trabajando a destajo, así que en un par de semanas ya tenía los cimientos y comenzaban a elevarse los primeros muros. Pronto pudo ver que la estructura de la casa tenía muchas similitudes con la de aquella que él mismo habitaba.
"Viviendas gemelas", pensó. "Propio de un plan urbanístico estructurado".
Pronto comprobó que, en efecto, la casa recién construida era idéntica a la suya, hasta en los más nimios acabados, como los farolillos exteriores o la disposición de los balcones frisados.
Se le colocó un cartel de venta que apenas duró unos días, y pronto llegó un camión de mudanzas cuyo contenido fue poblando el interior de la vivienda. Muebles de salón, sofás, cortinas, mesa del comedor, sillas para la cocina... él miraba observado la similitud de aquellos muebles con los suyos propios. A veces, asomado a la ventana, observaba el interior de la casa de al lado y, acto seguido, se giraba para observar su propio salón. Le parecían el mismo.
El asunto comenzó a inquietarle cuando, mientras paseaba, observó que estaban descargando libros. Discretamente se acercó a curiosear. Todos aquellos libros eras los mismos que él tenía en su librería. No reconoció ninguno que él no tuviera.
Finalmente, la casa se concluyó, y el comprador llegó para habitarla. Él la miraba, de cuando en cuando, sorprendido con que hubieran clonado su propia vivienda. Las mismas luces, el mismo televisor, los mismos electrodomésticos. El mismo coche aparcado en el garaje.
Una vez vio que el nuevo vecino salía a la terraza superior. Lo hizo él también, dispuesto a presentarse, aunque fuera a distancia, y a intentar resolver aquel misterio que ya comenzaba a atenazarlo.
Lanzó un saludo. El vecino lo observó. Levantó la mano correspondiendo al saludo. Al verle el rostro, se quedó de piedra.
El nuevo vecino, habitante de una casa igual a la suya, era, de hecho, él mismo.
viernes, 19 de junio de 2026