Sucede en el conticinio, esa hora de la noche demasiado tarde incluso para los noctámbulos, demasiado pronto hasta para los más madrugadores. En ese momento, en esa duermevela intermedia, en ese punto en el que cansancio rinde tus miembros pero el sueño no llega, es cuando él aparece.
Es posible que suceda porque en esas circunstancias la mente es más maleable, más flexible, y las percepciones pueden confundir el plano de la realidad con el de la fantasía. Si lo ves, no trates de moverte; no te detengas a preguntarte si tienes, o no, los ojos cerrados. Respira, simplemente, con la mayor tranquilidad posible.
Nadie sabe si es un duende, un ángel o un demonio, un íncubo o un trasgo, un ser de la noche o un producto de la mente. Solo se sabe que se acercará a ti. Notarás su presencia como una amenaza: si no gritas, si mantienes la calma, acercará a ti su rostro y te susurrará al oído: "Es hora de dormir".
Y más te vale hacerlo. Pronto, bien pronto.
domingo, 8 de noviembre de 2026