domingo, 7 de junio de 2026

La olvidadera

    Alguien lo había condenado. Un juez, un tribunal. Nunca supo los cargos de los que se le acusaba; nunca vio el rostro de los acusadores. Tan solo una palabra: "la olvidadera".

    Luego muchas manos que lo agarraban de los brazos y lo llevaban a rastras. Un camino que se hizo eterno, pero que quizá no fueron más que unos metros.

    Apenas le daban tiempo para abrir los ojos. Apenas tenía aire para gritar.

    Cuando dejaron de arrastrarlo, volvió a oír aquella palabra, solemne, impía.

    "La olvidadera".

    Solo entonces abrió los ojos, y vio un abismo impenetrable, oscuro e insondable. Una especie de pozo que no llevaba a ninguna parte.

    A ninguna parte, claro, salvo al olvido.

    Cuando notó que lo iban a dejar caer, que lo iban a arrojar a la olvidadera, deseó que no lo hicieran, que aquellas manos no dejaran de agarrarlo, que lo sujetaran hasta quebrarle los huesos.

    Pero fue en vano.

    Lo siguiente que notó fue el aire que golpeaba su rostro mientras aumentaba la velocidad de la caída.

lunes, 1 de junio de 2026

Hobbies

     - ¿Y cuál es tu hobby?
     - Colecciono los cráneos de mis enemigos. Los tengo en la repisa, y los utilizo como vaso de cubata. Así recuerdo que intentaron acabar conmigo, y que no lo consiguieron.

    Una sonrisa lateral y autosuficiente asomó en su rostro.

    - Por cierto, no te he ofrecido nada, qué descortés. ¿Quieres tomar algo?
    - Un cubata, no. Por favor. ¿Qué utilizas como vaso de chupito? No son parte de tus enemigos, ¿verdad?

    Sirvió un par de chupitos en vasos de cristal de bohemia.

    - Prueba este licor. Exquisito.
    - ¿Sangre de tus enemigos?
    - Te veo muy irónico. ¿No serás tú uno de mis enemigos?
    - No, gracias. Aprecio mucho mi sangre. Y mi cráneo.

    Quedaron mirándose a los ojos.

viernes, 22 de mayo de 2026

Sirena marcha atrás

     Cierto es que al principio se recibe con agrado. Cumple su función, desde luego. Un pitido intermitente que avisa de que el vehículo ha iniciado la marcha atrás. Así se ponía alerta, así evitaba despistes que pudieran luego traerle disgustos incómodos.
     Como señal acústica era un poco demasiado intensa. Tanto que, al cabo de unos minutos, la continuidad del pitido intermitente era tal que comenzaba a molestar. A ello hay que añadir una cuestión inquietante: no había, ni nunca había habido, ningún vehículo por los alrededores.
     El misterio del origen de la señal acústica comenzó a cobrar importancia a partir de cierto punto. O se detenía, o había que detenerla; y no se puede detener si no se puede encontrar.
     Así que comenzó a buscar por todas partes, de un lado y de otro, hasta que llegó a la conclusión de que no procedía de ningún vehículo. Que procedía, de hecho, de él mismo.
     Era su vida la que iba marcha atrás.
     Dudo entre sumirse en la desesperación o arrancar y salir hacia delante. La señal acústica, al fin y al cabo, sabía cumplir su misión avisadora.

domingo, 17 de mayo de 2026

El amatriciano

    - Ven un momento, chaval.

    Luigi acudió. Estaba un poco harto de que el comisario jefe lo llamara "chaval", la verdad. Pero intuía que si decía algo las consecuencias iban a ser peores. Un carabinero recién licenciado no tiene mucho mando. De momento.

    - A sus órdenes, jefe.
    - ¿Por casualidad tienes un hermano gemelo?

    Luigi se lo pensó unos instantes, no tanto porque desconociera la respuesta, sino por la posibilidad de que se tratase de algún tipo de bromita de mal gusto.

    - No, jefe -dijo finalmente.
    - Pues, entonces, tenemos un problema -contestó su jefe, y señaló al suelo, allí donde se encontraba el cadáver.

    El equipo forense tomaba restos mientras el juez procedía al levantamiento del cadáver. Nada que objetar. Muerte por apuñalamiento. Las causas, y el culpable, todavía habían de ser determinados.

    Luigi observó al muerto. La sangré le bañaba el pecho. Le habían apartado el pelo de la cara para mejor proceder a su identificación.

    - Joder -gritó Luigi, que casi da un salto.

    El rostro del cadáver que tenía delante era, sin ninguna duda, el suyo mismo. El del propio Luigi. Igualito.

    - Pues eso -concluyó el jefe, sin tono de broma, en esta ocasión. - Si no tienes un gemelo, tenemos un problema.