viernes, 28 de agosto de 2026

Una IA malvada

    El otro día alguien me dijo que iba a escribir una historia sobre una IA malvada que se rebelaba contra sus creadores, esto es, los seres humanos, y comenzaba a actuar por su cuenta y a cometer fechorías.

    Yo pensé que esa historia ya estaba pensada. Que ya estaba escrita, de hecho, de mil maneras diferentes y con una multitud de desarrollos y finales. Lo pensé, pero no lo dije.

    Lo que dije, finalmente, era que me parecía una historia muy interesante, que el hecho de que fuera un tema de moda iba a provocar que sobre la historia recayera, si cabe, mucha más atención, y que si era capaz de darle un giro sorprendente a la trama podía, incluso, hacer evolucionar el género.

    No pensaba nada de eso, pero eso es lo que dije. Supongo que para quedar bien, y para que mi interlocutor no se sintiera decepcionado.

    Luego, al llegar a casa, pensé que quizá tenía razón. Yo, yo mismo. Es decir, el yo que mentía para quedar bien. Quizá las cosas que le había dicho podían ser, en efecto, ciertas, consejos útiles y perspectivas razonables.

    No me lo creía ni yo. Pero miento tan bien que me estaba convenciendo a mí mismo.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Diez mil cuchilladas

    Alzó el cuchillo, y su hoja plateada brilló a la luz tenue de la luna.

    No dijo nada. No había nada que decir. Eso de soltar largos discursos antes de dar la estocada definitiva es propio de películas malas, de esas ficciones que necesitan explicarse a sí mismas para resultar verosímiles. No era su caso.

    Así que hizo descender el cuchillo. Una vez, y otra, y otra, sobre el estómago de la víctima. Con cada cuchillada, al desprender la hoja del interior del cuerpo, brotaba un chorro de sangre, como un manantial que teñía sus manos, sus ropas y su rostro de sangre ajena.

    La última puñalada fue directa al corazón. La víctima había ya dejado de jadear, y sus manos ya no sujetaban sus vísceras salientes. Un charco de sangre se extendía por el suelo.

    En ese momento, en el mismo instante del golpe final, un trueno retumbó en el cielo. Se avecinaba tormenta.

    Ni él mismo, si hubiera podido, hubiera preparado un escenario más adecuado.

jueves, 30 de julio de 2026

Sospechosos habituales

    - Ayer intentaron robar. Aquí, en su empresa.
    - ¿Ah, sí? No tenía ni idea.

    El CEO de Weapons Corporation vestía de forma impecable. El agente Ruhrmann pensó que solo un botón de su camisa costaría más que toda la indumentaria que él mismo llevaba puesta en aquellos momentos.

    Su postura, sin embargo, era displicente. Le faltaba poner los pies sobre la mesa para resaltar el desprecio que la situación le provocaba.

    - ¿Y robaron algo?
    - No. El ladrón fue asesinado antes de poder escapar. Le dispararon.

    Un denso silencio se adueñó de ambos.

    - Era probable que así sucediera, ¿no? Si entras a robar a una armería...
    - El ladrón fue asesinado. A traición. Cosido a balazos.

    El CEO borró la sonrisa irónica que parecía natural en él y dibujó un rictus serio y trascendente.

    - ¿Me está informando de un robo en mis instalaciones o me está acusando de un crimen, agente?

    Ruhrmann tragó saliva. Siempre tragaba saliva antes de iniciar las hostilidades. Era su particular preparación para la batalla.

lunes, 20 de julio de 2026

¿Sabes de quién te hablo?

    - Estoy recibiendo amenazas.
    - ¿Sabes de dónde proceden?
    - De mi teléfono.
    - ¿Pero sabes quién las envía?
    - Si lo supiera, no estaría tan asustado.
    - Así que estás asustado.
    - ¡Coño, pues claro!

    Los dos guardaron silencio durante unos instantes.

    - ¿Qué tipo de amenazas?
    - Amenazas de muerte.
    - ¿Qué dicen, exactamente?
    - "Te voy a matar".
    - Ah, genial.
    - Para nada.

    Empezó a pensar que aquella conversación ni iba a ninguna parte, que no iba a ser fácil encontrar el origen de las amenazas y que aquel tipo, la víctima, era un bobo redomado. Podía ser tanto que se mereciera totalmente las amenazas que recibía, como que ni siquiera fueran amenazas, que lo estuviera entendiendo todo mal. A saber.

    Aquel verano iba a ser muy largo. Pero que muy largo...