Yo pensé que esa historia ya estaba pensada. Que ya estaba escrita, de hecho, de mil maneras diferentes y con una multitud de desarrollos y finales. Lo pensé, pero no lo dije.
Lo que dije, finalmente, era que me parecía una historia muy interesante, que el hecho de que fuera un tema de moda iba a provocar que sobre la historia recayera, si cabe, mucha más atención, y que si era capaz de darle un giro sorprendente a la trama podía, incluso, hacer evolucionar el género.
No pensaba nada de eso, pero eso es lo que dije. Supongo que para quedar bien, y para que mi interlocutor no se sintiera decepcionado.
Luego, al llegar a casa, pensé que quizá tenía razón. Yo, yo mismo. Es decir, el yo que mentía para quedar bien. Quizá las cosas que le había dicho podían ser, en efecto, ciertas, consejos útiles y perspectivas razonables.
No me lo creía ni yo. Pero miento tan bien que me estaba convenciendo a mí mismo.
viernes, 28 de agosto de 2026