Lo dijo con toda la calma del mundo, como si fuera una cuestión rutinaria. Le pedí que ampliara esa información.
- Lo que oyes, capitán. Hemos dejado de recibir luz de la estrella de Electra. Creo, humildemente, que podemos empezar a temer que se produzca un contagio al resto de las estrellas de las Pléyades. Celeno ya está mostrando síntomas.
"Humildemente", había dicho. Me pregunté cómo podía alguien humildemente diagnosticar un constipado interestelar y quedarse tan tranquilo.
- Pero eso es muy grave -afirmé con un tono interrogativo subyacente.
Mi segundo de a bordo asintió. No dijo nada más. Ya llevábamos años temiendo que la inestable situación política en la sociedad de los Molks, la raza mayoritaria en, al menos, cuatro de las Siete Hermanas de las Pléyades, terminara por estallar. El momento, lamentablemente, había llegado. O eso parecía.
- Bien, pongamos rumbo a las Pléyades. Y que cada uno se encomiende a su Dios de cabecera. Necesitaremos toda la ayuda posible.
No había yo terminado de hablar, cuando los pilotos introducían ya las coordenadas que nos llevarían, en apenas unos segundos, al entorno de las siempre bellas, pero siempre peligrosas, Siete Hermanas.
jueves, 5 de marzo de 2026