- Existen objetos malditos. Objetos que convierten las vidas de sus poseedores en auténticas pesadillas.
Era un tipo extraño, con pinta de iluminado. Pero también era extraño haber acudido a aquella pequeña tiendecita esotérica en una calle apartada en mitad de ninguna parte. Cuando estás desesperado, cualquier cosa vale.
- ¿Y cómo me libro del objeto maldito? ¿Lo tiro?
El tipo raro se mesó su barba kilométrica y negó con la cabeza.
- Si lo tiras a la basura, volverá a ti. No puedes acabar con la maldición.
- ¿Entonces?
- Tienes que traspasarla.
- ¿Traspasarla?
El tío dibujó una sonrisa.
- Tienes que coger el objeto maldito y regalárselo a alguien. Así le pasarás la maldición.
- Por cierto, ¿querrías...?
- No quiero nada tuyo, capullo. A mí no me des ni la hora.
Salí de la tiendecita un tanto aturdido. Me eché la mano al bolsillo. Maldito fuera quien creó la maldición. Mis dedos, en el interior, rozaron el tornillo. El tornillo maldito. Joder.
- A ver cómo regalo un tornillo, y a ver quién es tan tonto de aceptarlo...
lunes, 14 de septiembre de 2026