Eso es una verdad popularizada, incluso en el país de los monstruos. La mamá monstruo, no obstante, añadía un corolario: "asegúrate de que tu comida ya no está viva cuando llega a tu estómago". Claro, es muy fácil comerse un infante, o un recién nacido, o a un grupo de náufragos así, con el ansia, tragando sin masticar, y luego estos, desde dentro, aún con vida, quieren salir.
Que le pregunten, si no, al lobo de Caperucita, o al de los siete cabritillos, o a la ballena de Pinocho, o a la de Jonás en la biblia, o a Saturno. Son casos suficientes como parar prestar la debida atención.
Hay que hacer caso a las madres. Y a las madres monstruo, con más razón.
jueves, 15 de enero de 2026