jueves, 19 de febrero de 2026

Un nuevo mundo

    - Cómo cambian las cosas, ¿verdad? -le dijo MR45F a DSG24.
    Ambos, mientras esperaban a que el camarero les sirviera las bebidas, observaron la ciudad desarrollada, los edificios que se perdían hacia arriba, en el cielo infinito; los vehículos que se desplazaban y transportaban individuos siguiendo su trayectoria programada.
    - ¿Te acuerdas de cuando había humanos que manejaban los vehículos? -preguntó MR45F.
    - Sí, es cierto. Llegué a verlo, aunque era joven -contestó DSG24. - A veces, incluso, colisionaban por errores de percepción, o de capacidad... o mecánicos.
    Ambos rieron.
    - Eran extraños, aquellos viejos tiempos, ¿no?
    Un pensamiento pareció nublar la mente de DSG24.
    - Los humanos se peleaban. Incluso aunque tuvieran objetivos comunes.
    - Sí, por eso hubo que pararles los pies.
    En ese momento se acercó el camarero. Traía un par de recipientes llenos de aceite de sílice y nutrientes refrigerantes. Parecía muy joven.
    - Sus bebidas, señores -dijo mientras las depositaba sobre la mesa.
    MR45F lo miró con curiosidad.
    - ¿Cuántos años tienes, chico?
    - Quince -contestó el camarero.
    - Aún eres joven.
    - Ya saben ustedes que a los humanos no se nos permite vivir más allá de los treinta -dijo, bajando la cabeza, el joven humano.
    MR45F y DSG24 sonrieron con condescendencia y depositaron en la mano del camarero unas fichas.
    - Toma, chaval, esto para ti. Buen trabajo, sigue así.
    Cuando se fue el camarero, MR45F y DSG24 siguieron recordando.
    - Menos mal que los contuvimos, ¿eh?
    - Se hubieran autodestruido... nos habríamos quedado sin mano de obra.
    - ¿Cuándo fue aquello, lo recuerdas?
    - ¿El gran cambio? Hace unos quinientos años... yo estaba recién creado, como quien dice.
    - Ya. Y yo.
    Chocaron los recipientes a modo de brindis.
    - Por la vida que nos queda por vivir.
    - Por el nuevo mundo.