Al anochecer, sin embargo, los abruptos perfiles de muros en ruinas le daban al sitio un aire lúgubre.
Más tarde, cuando la noche, se cerraba, aquellas ruinas cobraban vida, y el visitante, que no sabía que era lo último que haría antes de encontrar la muerte, podía observar, sorprendido, ráfagas de luz que brotaban de entre las piedras.
domingo, 30 de agosto de 2026