Un género deprimente, el de la biografía. A caballo entre la literatura y la historia, una biografía es una sucesión de fechas y acontecimientos importantes para otros. De este modo, cuanto más importante o destacada sea la persona biografiada, más desciende al mismo tiempo la autoestima del lector, pues es inevitable compararse, de alguna manera, con el protagonista de hechos tan trascendentales para comprobar, con decepción, que la vida propia no alcanza el más mínimo interés.
Una buena biografía, no una biografía parcial, sino una biografía completa, abarca toda una vida, esto es, comienza con el nacimiento y termina con la muerte. Se trata de un género, por consiguiente, cuyas obras acaban, indefectiblemente, con la muerte del protagonista. Como las buenas películas, claro, aunque en éstas el final pretende ser, al menos, sorprendente.
Reducidas, por otra parte, a un esquematismo temático, una biografía no dista mucho del ciclo de vida de una cucachara. Los protagonistas nacen, crecen, actúan, se reproducen en su caso y se extinguen sin remisión dejando, como mucho, vástagos herederos y recuerdos en las memorias de unos pocos.
Nunca escribiría, por tanto, una autobiografía, o unas memorias. Especialmente porque no serían completas a no ser que las escribiera desde la tumba, o con un pie en la tumba y otro en vida, lo cual es aún más deprimente. Ahondar en las vidas de otros es tan triste como triste puede llegar a ser, en definitiva, ahondar en la de uno mismo...
lunes, 24 de abril de 2006