miércoles, 13 de febrero de 2008

El pesimismo es un humanismo

Me cansan las personas que sonríen todo el tiempo, que sonríen sin razón, quiero decir, como si dormitaran en un eterno estado de beatitud. Las he aguantado toda mi vida pero ya empiezan a cansarme, porque les preguntas y no te dan explicaciones, porque son felices y no ellas mismas no saben encontrar las razones, porque hasta en las peores situaciones se esfuerzan por sacarle un absurdo e inexistente lado positivo a las cosas, y lo peor es que lo hacen con buena voluntad y total sinceridad.
¿Pero como puede alguien creer que somos felices?
La gente que sonríe todo el rato, los que se definen a sí mismos como felices, me cansan tanto, en definitiva, como la gente que no para de llorar lamentándose de lo desgraciados que son, de lo mal que les trata la vida y de la tragedia que les ha caído encima.
Llorar por llorar es probablemente más estúpido que reír por reír, y a mí me inquietan los dos gestos, y me hacen desconfiar. Jamás pondría mi confianza en alguien que ríe o que llora sin parar. Imaginen entonces lo que pienso de aquellos que pasan de la risa al llanto y ni siquiera se dan cuenta...