lunes, 21 de abril de 2008

El color del cristal

Una historia nunca es suficiente. Hay que disfrutar varias a la vez. Por eso mantengo tres, cuatro lecturas simultáneas, por eso me gusta ver varias películas consecutivamente, sin detenerme, sin individualizarlas.
Llega un momento, entonces, en el que no recuerdas si aquel tipo enfermo aparecía en una novela o en otra, si la chica rubia te la encontraste en la historia de aventuras o en la peli de ayer, ni siquiera sabes muy bien quién dijo aquella frase que tanto te gustó.
A veces consigo que la realidad se mezcle con la ficción, tal vez aquel tío con gesto de mafioso se cruzó conmigo mientras paseaba y no era el malo de la segunda peli de la tarde, como yo creía. ¿Seguro que fue un colega quien dijo esto, y no el viejo del libro de misterio?
Y en ocasiones, cuando alcanzo el summum de la enajenación, dudo de mi propia vida, y no sé si compré ayer el diario o lo compraba el ganster de la película, si quien hablaba con la chica en el bar era yo o el asesino de la novela policíaca, hasta en ocasiones creo que quien salvó el mundo el otro día era un tipo de cómic con superpoderes, y eso que me recuerdo perfectamente eliminando a mi archienemigo...