Alguien tuvo que ser. La existencia era tan pacífica, tan cómoda... y de repente alguien prendió la llama, alguien posibilitó la chispa que inició las hostilidades, porque todo efecto ha tenido anteriormente una causa, un origen, de algún lugar procede todo el bien, pero también todo el mal, todas las alegrías y todas las tristezas, y habrá quienes pretendan obtener los méritos de las primeras y eludir las responsabilidades derivadas de las segundas...
Sin pretender juzgar al culpable, sin emitir alabanzas vanas ni acusaciones infundadas, lo más que podemos hacer es clamar por nuestra inociencia, lavarnos las manos, asumir que nosotros no queríamos, que no tenemos nada que ver, que ni siquiera rellenamos las instancias necesarias para estar vivos, que simplemente nos ha tocado y, sobre todas las demás consideraciones, que nosotros no comenzamos el fuego...
lunes, 26 de mayo de 2008