Y le dijeron: tú sé diferente, no tanto como para que no te comprendan, pero lo suficiente como para que te admiren. Y le pidieron que condujera el escarabajo más grande del mundo. Y con él, y con la mujer portuguesa, se comió el mundo a velocidad de crucero.
"Mi psiquiatra dice que no soy alcohólico, que soy dipsómano. Así que todos tranquilos". Y tan tranquilos. Todos somos dipsómanos, aunque muy poca gente lo sabe.
Y le dijeron: lárgate de aquí cuando ya no seas tan joven como para pasar desapercibido, cuando todavía no seas tan viejo como para que te consideren acabado.
Y le petó la patata, y ahora se encuentra allí, observando trabajar, atentamente, al fabricante de alas de mariposa.
viernes, 11 de julio de 2008