Mola imaginar que estas que estoy escribiendo ahora pueden ser mis últimas palabras. ¿A que sí? Claro, si eso fuera así yo no lo sabría, pero cuando supieran que he desaparecido entonces querrían conocer qué pasaba por mi cabeza justo momentos antes, y rebuscarán en esta página y encontrarán esto escrito. Y entonces alzarán las manos en un eureka satisfecho por un descubrimiento definitivo, y todos dirán que yo tenía algo en mi interior, una especie de presagio, una corazonada que iba germinando y que me decía que todo iba a terminar.
Molaría, desde luego, porque así los engañaría a todos para toda la eternidad, porque en realidad no tengo ni idea de lo que va a pasar cuando me levante de aquí, salga por la puerta y me dirija a la terraza de la planta octava, aquella en la que ya desde aquí se oye el ajetreo.
Espero impaciente para saber qué me deparará el futuro...
martes, 15 de julio de 2008