Le daba miedo mirar atrás. Había dejado un rastro de ruinas, de destrucción. Si volvía la cabeza no encontraba piedra sobre piedra. Recordaba haber tomado a alguien del brazo y haber caminado junto a él en silencio. Se sentía orgulloso creyendo haberle salvado, haberle sacado de la infamia y del cataclismo. Pero aquel brazo había desaparecido, se dio cuenta de forma repentina, pensaba que estaba allí, que lo estaba agarrando, y de repente había desaparecido. En su lugar quedaba un rastro de sangre dibujado en el suelo hasta donde llegaba la vista.
Miró hacia adelante. Allí se estaba formando un nuevo huracán. Encogió los hombros y se preparó para capear el temporal de la mejor forma posible.
lunes, 25 de agosto de 2008