- ¿No se supone que eres psiquiatra? No deberías usar ese tipo de palabras.
- Y no suelo hacerlo, puedes estar seguro.
El doctor se reclinó en su silla y se mesó las barbas. Miró a su paciente con gesto de hastío.
- ¿Entonces?
- Entonces puedes estar seguro de que, si lo hago, es porque tengo mis razones. Estás loco.
- Pero los objetos se mueven cuando yo pienso en moverlos.
El doctor resopló.
- ¿Cómo te tengo que decir que la telequinesis no existe?
Fue entonces cuando el bolígrafo saltó de sus manos y se quedó en el aire, flotando, cuando la lámpara se volcó, el paragüero se arrastró hasta sus pies y su libreta salió disparada hasta depositarse, plácidamente, entre las manos de su paciente.
- ¿Qué ha sido eso?-dijo entonces con un hilo de voz.
- Solo una demostración.
- Debe haber sido una corriente de aire. Tú no puedes hacer eso.
- Pídeme algo.
- Acércame el manual de psicología que está en la estantería.
En ese momento, y como por arte de magia, el libro se desprendió y levitó hasta la posición del psiquiatra.
- ¿Y bien?
- Esto no puede ser cierto. ¿Es una broma? Estás usando algún truco...
El paciente se levantó y le miró a los ojos.
- ¿De verdad piensas así, doctor? Si no crees lo que ven tus ojos es que estás loco...
- Déjate de juegos de una vez...
El paciente alzó los brazos.
- ¿Quieres que te baje la luna?
El doctor tragó saliva.
- No, déjalo.
viernes, 18 de marzo de 2016