viernes, 18 de marzo de 2016

E pur si muove

     - Estás loco -dijo el doctor.
     - ¿No se supone que eres psiquiatra? No deberías usar ese tipo de palabras.
     - Y no suelo hacerlo, puedes estar seguro.
     El doctor se reclinó en su silla y se mesó las barbas. Miró a su paciente con gesto de hastío.
     - ¿Entonces?
     - Entonces puedes estar seguro de que, si lo hago, es porque tengo mis razones. Estás loco.
     - Pero los objetos se mueven cuando yo pienso en moverlos.
     El doctor resopló.
     - ¿Cómo te tengo que decir que la telequinesis no existe?
     Fue entonces cuando el bolígrafo saltó de sus manos y se quedó en el aire, flotando, cuando la lámpara se volcó, el paragüero se arrastró hasta sus pies y su libreta salió disparada hasta depositarse, plácidamente, entre las manos de su paciente.
     - ¿Qué ha sido eso?-dijo entonces con un hilo de voz.
     - Solo una demostración.
     - Debe haber sido una corriente de aire. Tú no puedes hacer eso.
     - Pídeme algo.
     - Acércame el manual de psicología que está en la estantería.
     En ese momento, y como por arte de magia, el libro se desprendió y levitó hasta la posición del psiquiatra.
     - ¿Y bien?
     - Esto no puede ser cierto. ¿Es una broma? Estás usando algún truco...
     El paciente se levantó y le miró a los ojos.
     - ¿De verdad piensas así, doctor? Si no crees lo que ven tus ojos es que estás loco...
     - Déjate de juegos de una vez...
     El paciente alzó los brazos.
     - ¿Quieres que te baje la luna?
     El doctor tragó saliva.
     - No, déjalo.