Y tener a todos en jaque le encantaba.
- Tres lirios, por favor -pidió educadamente.
El dependiente lo miró y dibujó una sonrisa de oreja a oreja.
- Buenos días, caballero. ¿Tres lirios? ¿Solo tres?
- Sí, solo tres.
- ¿Seguro?
- Solo tres.
- ¿De qué color?
El asesino resopló. La había tocado un dependiente un poco pesado. ¡De qué color iban a ser, hostias!
- Blancos.
- ¿Blancos? Tenemos unos amarillos preciosos...
- Blancos.
- Y unos azules que están de oferta...
- Blancos.
El dependiente seguía sonriendo. El asesino, impertérrito.
- Tres lirios blancos, entonces...
- Tres lirios blancos.
- ¿Se los va a llevar en mano o los enviamos a algún sitio?
- Me los llevo.
- El transporte es gratis, ¿sabe?
- Me los llevo.
- Y para entregar en el lugar y a la hora que usted indique.
- Me los llevo.
El asesino de los tres lirios notó que empezaba a dolerle la cabeza. Se preguntó por qué el dependiente no le había traído ya los tres lirios. Esta noche tenía trabajo y empezaba a pesarle la sensación de estar perdiendo el tiempo.
- ¿Y bien?
- ¿No ha cambiado de idea? ¿Sigue queriendo tres lirios blancos?
- Tres putos lirios blancos.
- Si compra una docena tiene un descuento...
El asesino de los tres lirios miró al dependiente con un odio reconcentrado.
- ¿A qué hora acaba su turno esta noche? -preguntó disimuladamente.
- Cerramos a las diez.
- ¿A las diez?
- A las diez.
- Deme seis.
- ¿Cómo?
- Seis, seis putos lirios blancos.
El dependiente sonrió más aún, satisfecho por haber aumentado la venta y el beneficio.
- Por supuesto. Marchando, caballero.
El asesino de los tres lirios pensó que podía tardar lo que quisiera. Esa noche tendría sesión doble de asesinatos. No había problema. Para el primero de ellos no tendría que desplazarse demasiado...
sábado, 12 de marzo de 2016