miércoles, 6 de abril de 2016

Visita al país de Niermaland

     Cuando desperté me encontré en un paraje desconocido, un lugar poblado de árboles longevos y verdes frondosos. A lo lejos, irguiéndose enorme en el horizonte, se atisbaba una ciudad. Movido por la curiosidad y por la necesidad de solventar mi extraña situación, decidí acercarme a ella.
     Sus habitantes, sorprendidos, me señalaban con el dedo. Eran diferentes a mí, diferentes al resto de gente que conocía. Cuando les quise preguntar, no me contestaron. Se limitaron a caminar de un lado a otro como autómatas.
     De alguna indicación colgada en sus calles deduje que aquel lugar se llamaba Niermaland. Nunca lo había oído; es más, podría jurar que tal lugar no existía en ningún mapa. Los niermalandeses seguían con su vida mientras yo, por el contrario, ni siquiera sabía cómo había llegado allí.
     Decidí abordar a uno en busca de ayuda. Quiso ignorarme y pasar de largo, así que le tomé del brazo. Él entonces, comenzó a gritar con desesperación.
     Rápidamente vinieron otros niermalandeses, agentes de la autoridad, según deduje, que me redujeron y me llevaron a un lugar frío y oscuro.
     Debo de estar detenido, tal vez esperando juicio. Son extraños los niermalandeses. Oigo sus voces, pero no entiendo lo que me dicen.
     Gritaría pidiendo socorro, pero me temo que eso se agravaría mi situación. Debería dormir, pero los nervios me atenazan y me impiden relajarme. Pienso que en algún momento volveré a despertar y Niermaland habrá desaparecido.
     Todo es aquí tan complicado...