miércoles, 13 de abril de 2016

Que pase el siguiente

- ¿Qué es esto? ¿Qué hago yo aquí? ¿Estoy muerto? -preguntó con cierto desasosiego.
- Mira el letrero, anda -le contestó uno de los extraños que lo rodeaban.
     "Sala de espera", rezaba éste.
- ¿Y qué esperamos? -quiso saber inocentemente.
     Todos le miraron de forma recriminatoria.
     No le quedó otra alternativa que quedarse sentado y esperar. Aprovechó para observar con disimulo a sus compañeros de sala. Parecían nerviosos, sobre todo un joven que se mordía las uñas y agitaba las rodillas como si no pudiera estarse quieto.
     Entonces notó cómo la chica que estaba a su lado se dirigía a él en voz baja.
- ¿De verdad que no sabes qué es esto? Lo tuyo debe haber sido repentino...
- ¿Perdona?
- A ver, voy a resolver tus dudas... Sí, estás muerto. Pero no lo digas muy alto, tampoco es algo sobre lo que nos apetezca pensar demasiado. Y esto, como puedes imaginar, es la sala de espera entre el cielo y el infierno.
     No le sorprendió, era algo que ya se esperaba, aunque siempre impresiona que te digan que estás muerto.
- ¿Y ahora?
- Ahora dirán tu nombre, pasarás adentro y serás juzgado. No suelen demorarse mucho.
     Tragó saliva. Había llegado su hora, nunca mejor dicho.
     Antes llamaron al joven que, temblando, desapareció tras la puerta. Apenas unos minutos más tarde todos pudieron oír la voz del chico pidiendo clemencia, sus llantos y, por último, unos gritos desgarradores que se fueron perdiendo en la lejanía. El joven no volvió a aparecer. Nadie volvía a aparecer una vez que cruzaba la puerta.
     Él entonces empezó a pensar en su vida, en sus actos buenos y malos tratando de predecir el veredicto. Comprobó consternado que, por más que quisiera, el resultado era de empate técnico, un fifty-fifty perfecto, equilibrio absoluto en la balanza.
     Estaba comenzando a ponerse realmente nervioso cuando dijeron su nombre.
     - Suerte -le comentó la chica, y le sonrió.
     Mientras se acercaba a la puerta, notó cómo sus piernas dejaban de sostenerlo y se derretían como un azucarillo...