Y vio, entonces, cómo todo lo que había luchado por crear, durante una vida entera, se desmoronaba ante sus ojos. Quiso llorar, pero se le habían secado las lágrimas; quiso gritar, pero tenia la garganta seca.
Luego llegaron ellos. No tardaron en aparecer, se acomodaron por encima de los restos de lo que había sido, vio cómo pisoteaban sus recuerdos y cómo despreciaban todo lo que él había admirado.
Entonces comprendió que él era el pasado. Que su mundo se había acabado. Que solo le quedaba cerrar los ojos, respirar hondo y dejar que su tiempo pasara hasta que le llegara el momento de la extinción.