miércoles, 31 de diciembre de 2025

El paquete

     Era fundamental encontrarse en casa cuando llegara el paquete. Por eso se levantó temprano, se apostó en el sofá del salón y esperó. Lo hizo durante horas, junto al teléfono, por si le llamaban.

     Después de toda la mañana, y de parte de la tarde, cuando ya el sol comenzaba a caer, sintió que el paquete no llegaría. Algo habría sucedido, algún problema durante el reparto. Tal vez llegara mañana. Tendría que repetir el proceso, esperar, como un guardián en una fortaleza aislada, como la esperanza en un mesías prometido.

     Cabizbajo, y desalentado ante la perspectiva de tener que perder otro día en la espera, salió a dar una vuelta que le despejase un poco. La noche había terminado de caer. No había caminado ni cinco minutos cuando oyó el aviso de un mensaje en el móvil. Casi sin mirarlo se giró y corrió, corrió de vuelta a casa, solo para llegar a ver, a lo lejos, cómo una furgoneta de reparto se alejaba. En su buzón, un aviso: intento de entrega, destinatario ausente.

     Se quedó, en el portal, mirando cómo los transeúntes se desplazaban, de un lado a otro, ajenos a la tragedia que sobre él, en esos momentos, se cernía.