Pronto comenzó a nublarse y la oscuridad fue invadiendo nuestro camino. Pero ahí seguían los cielos, a la vista, al alcance. Y teníamos energía, así que continuamos con la moral alta.
De repente, los cielos se abrieron y comenzó a caer tanta agua que parecía que habían volcado el mar.
Hubo un momento en el que dejamos de ver el cielo, pues la tromba nos cegaba. Asumimos, finalmente, que íbamos a perecer ahogados.
Me gustaría haberles preguntado, en ese mismo momento, si pensaban que todo había merecido la pena.
lunes, 26 de enero de 2026