domingo, 1 de marzo de 2026

Algo parecido a un hogar

     Llegó aterrado, enajenado, aterido de frío. Llamó a la puerta con tal debilidad que ni tan siquiera pasó por la mente de la anciana que pudiera tratarse de una amenaza. Era un ser desvalido, un joven perdido y medio desfallecido que se agarró a la luz de su casa como a una tabla de salvación.

     Se tomó un caldo caliente, que pareció hacerle efecto. Respiraba más tranquilo, encogido sobre el sofá, en posición fetal, mientras miraba las llamas que crepitaban en la chimenea.

     La anciana le preguntó quién era, de dónde venía, cómo podía encontrar a algún familiar, pero solo recibía respuestas a medias, palabras sin sustancia.

     De repente los lobos aullaron allá arriba, en la montaña. No era normal oírlos, y menos en noches tan frías.

     El joven levantó la cabeza y, como si estuviera poseído, dijo:

     - Ya vienen. Hay que salir de aquí cuanto antes.

     La anciana se quedó mirando al joven. Sorbió de su caldo.

     - No podemos huir. No tiene sentido huir -contestó, para sorpresa del joven. - Los combatiremos.

     Subió la escalera. Cuando bajó, llevaba una recortada en cada mano, una ristra de balas colgada del cuello y un cinturón con una buena variedad de cuchillos.