lunes, 13 de abril de 2026

El cotizado don de la inoportunidad

    Hay veces que una llamada de teléfono se produce en el momento más inoportuno. Entonces, uno tiende a mirar con asco el dispositivo, su sonido atrayente, su luz. No es inhabitual que la llamadas inoportunas tengan, al mismo tiempo, un origen oculto. Uno piensa entonces que podría ser una llamada no deseada, no solo por el momento en el que se produce, pues en eso no hay duda, sino por su finalidad o su contenido.
    Sucede que uno siempre tiene alguna cuenta pendiente, algún lugar desde el que podría recibir una llamada oculta que fuera esperada, deseada o, incluso, ilusionante. Así que descuelga el teléfono y escucha con atención.
    Habría que realizar un estudio de campo concienzudo para determinar en qué porcentaje de estos casos descritos la llamada resulta ser, en efecto, basura. Pero la intuición nos dice que en un número muy elevado.
    Sin embargo, el receptor de la llamada sigue descolgando, esperando con ilusión que, esta vez sí, sea la llamada esperada.
    Como quien, día a día, durante años enteros, se asoma a la ventana esperando ver llegar, porque sí, esa gran noticia que cambie su vida para siempre.