- Hice una apuesta y me salió mal -me dijo.
Yo lo veía nervioso. Ya desde hacía varios días, pero especialmente aquella noche. Miraba a un lado y a otro, compulsivamente, como si quisiera ver por encima de su hombro.
- ¿Cómo de mal? -le pregunté, tratando de generar una reacción proporcional al volumen del problema en cuestión.
- Muy mal -fue lo único que contestó.
Por un momento pensé que iba a echarse a llorar allí mismo. Hubiera sido bastante incómodo, la verdad. Él seguía mirando, no le quitaba ojo a la puerta, no sé si porque tenía ganas de salir o por temor a quién pudiera entrar por ella.
- Me voy -dijo de forma apresurada. Se levantó y se fue.
De algún modo supe, en aquel mismo instante, que no volvería a verlo en mi vida.
jueves, 16 de abril de 2026