Intentamos realizar algunas libaciones que pudieran aplacar la ira de los dioses pero, justo cuando íbamos a comenzar, un trueno resonó en la lejanía, a pesar de que el cielo se encontraba despejado. En el cielo vespertino, y pese a la luz del día, aparecieron estrellas nocturnas y, para colmo, un cometa funesto atravesó la eclíptica.
Tal vez asustado por tales prodigios, un cuervo graznó y atravesó nuestra posición desde el lado izquierdo. El arúspice cayó de rodillas y, en plena conmoción, pidió perdón a los dioses.
Nosotros nos miramos y cavilamos durante unos segundos. Tal vez no había sido el mejor día para consultar los auspicios. Mejor lo dejábamos para el día siguiente.
lunes, 11 de mayo de 2026