lunes, 11 de mayo de 2026

Malos presagios

    Sacrificamos un toro. Lo degollamos y lo abrimos en canal. Cuando las vísceras cayeron al suelo, el arúspice se llevo las manos a la cabeza. Las vísceras estaban picadas, ennegrecidas, recubiertas de una sustancia oscura, parecida al moho, que incluso desteñía el rojo natural de la sangre.

    Intentamos realizar algunas libaciones que pudieran aplacar la ira de los dioses pero, justo cuando íbamos a comenzar, un trueno resonó en la lejanía, a pesar de que el cielo se encontraba despejado. En el cielo vespertino, y pese a la luz del día, aparecieron estrellas nocturnas y, para colmo, un cometa funesto atravesó la eclíptica.

    Tal vez asustado por tales prodigios, un cuervo graznó y atravesó nuestra posición desde el lado izquierdo. El arúspice cayó de rodillas y, en plena conmoción, pidió perdón a los dioses.

    Nosotros nos miramos y cavilamos durante unos segundos. Tal vez no había sido el mejor día para consultar los auspicios. Mejor lo dejábamos para el día siguiente.