domingo, 7 de junio de 2026

La olvidadera

    Alguien lo había condenado. Un juez, un tribunal. Nunca supo los cargos de los que se le acusaba; nunca vio el rostro de los acusadores. Tan solo una palabra: "la olvidadera".

    Luego muchas manos que lo agarraban de los brazos y lo llevaban a rastras. Un camino que se hizo eterno, pero que quizá no fueron más que unos metros.

    Apenas le daban tiempo para abrir los ojos. Apenas tenía aire para gritar.

    Cuando dejaron de arrastrarlo, volvió a oír aquella palabra, solemne, impía.

    "La olvidadera".

    Solo entonces abrió los ojos, y vio un abismo impenetrable, oscuro e insondable. Una especie de pozo que no llevaba a ninguna parte.

    A ninguna parte, claro, salvo al olvido.

    Cuando notó que lo iban a dejar caer, que lo iban a arrojar a la olvidadera, deseó que no lo hicieran, que aquellas manos no dejaran de agarrarlo, que lo sujetaran hasta quebrarle los huesos.

    Pero fue en vano.

    Lo siguiente que notó fue el aire que golpeaba su rostro mientras aumentaba la velocidad de la caída.