- No.
- Venga, hombre, dime una letra.
- Que no, que no...
- ¡Que me digas una letra, coño ya!
El condenado resopló. Sintió que, dijera lo que dijera, ya estaba muerto...
- La hache.
- ¿La hache?
- La hache.
- Pues vaya mierda de letra.
Supo que había fallado cuando notó que la soga le empezaba a hacer presión en la garganta. Luego perdió el apoyo bajo sus pies. Se sintió flotar, suspendido del cuello, y la soga comenzó a presionarle la tráquea.
Notó que le faltaba el aire; intentó abrir la boca, pero la presión contra el cuello era demasiado fuerte. Se puso rojo; después, morado. Empezó a suplicar que lo descolgaran, pero nadie lo oía. Pudo ver a los demás, diciendo también letras. Quizás alguno tuviera suerte.
Los últimos estertores fueron agónicos; incluso deseó, en sus últimos momentos, haberse roto el cuello desde el principio, haber perdido la conciencia, haber muerto rápido.
El juego, en cualquier caso, había terminado.
domingo, 3 de mayo de 2026