viernes, 22 de mayo de 2026

Sirena marcha atrás

     Cierto es que al principio se recibe con agrado. Cumple su función, desde luego. Un pitido intermitente que avisa de que el vehículo ha iniciado la marcha atrás. Así se ponía alerta, así evitaba despistes que pudieran luego traerle disgustos incómodos.
     Como señal acústica era un poco demasiado intensa. Tanto que, al cabo de unos minutos, la continuidad del pitido intermitente era tal que comenzaba a molestar. A ello hay que añadir una cuestión inquietante: no había, ni nunca había habido, ningún vehículo por los alrededores.
     El misterio del origen de la señal acústica comenzó a cobrar importancia a partir de cierto punto. O se detenía, o había que detenerla; y no se puede detener si no se puede encontrar.
     Así que comenzó a buscar por todas partes, de un lado y de otro, hasta que llegó a la conclusión de que no procedía de ningún vehículo. Que procedía, de hecho, de él mismo.
     Era su vida la que iba marcha atrás.
     Dudo entre sumirse en la desesperación o arrancar y salir hacia delante. La señal acústica, al fin y al cabo, sabía cumplir su misión avisadora.