viernes, 26 de junio de 2026

La pistola y los documentos

    - Solo quiero los documentos. Dámelos.

    Cada uno de ellos tenía el cañón de sus respectivas Glock 17 bien pegadito a la frente de su contrincante. La escena era un poco inverosímil, pero no cabía duda de que, en aquel enfrentamiento, no saldrían vivos los dos.

    - Esos documentos me pertenecen.

    Cualquiera de ellos podía haber apretado el gatillo, pero nada hacía pensar que el otro no iba a tener tiempo, fuera en un gesto instintivo, fuera en el último impulso antes de encarar a la muerte, de apretar, a su vez, el suyo.

    - Te digo que me des esos documentos.

    De repente, sonaron dos disparos. Rápidos, sucesivos, pero salidos de la misma arma. Los dos contrincantes cayeron al suelo con los cráneos reventados. Y entonces, solo entonces, un tercero apareció de detrás de un armario, pasó por encima de los cadáveres aún calientes y tomó, con total parsimonia, el fajo de papeles.

    Cuando salió de la habitación, los dos asesinados quedaron abandonados, tirados en el suelo, sin sus apreciados documentos. Sus ojos, que habían quedado abiertos, seguían apuntándose mutuamente.