domingo, 5 de julio de 2026

El santuario olvidado

    El pórtico era verdaderamente llamativo, con tracería de estilo gótico que cubría los arcos apuntados. Sutiles figuras de bestias y monstruos, talladas en altorrelieve, saludaban al recién llegado y le advertían sobre los peligros de traspasar el umbral y la veneración que se requería.

    Una vez atravesado el pórtico la luz disminuía y la penumbra daba al lugar el toque siniestro que tan bien se le acomodaba. A derecha e izquierda del vestíbulo de podían observar sendos sarcófagos. Sus pesadas tapas se encontraban desplazadas y, a través de las ranuras, dejaban atisbar el interior.

    El paso del aire a través de las junturas del artesanado remedaba un jadeo constante. Una presencia invisible parecía poblarlo todo, acechante, peligrosa.

    Se decía que, si un visitante, al introducirse en la nave central, notaba una fría mano apoyada en su espalda, no volvería al exterior. El visitante, entonces, quedaba condenado a vagar por las estancias del santuario, espíritu atrapado entre sus muros, para la eternidad.

viernes, 3 de julio de 2026

A ver...

     A ver, sacó la espada porque iban a por él. O la saca de la vaina, o acaba decapitado.

     La cosa es que, quizá, se le fue de las manos. Primero para salvar la vida, y luego, por inercia, el caso es que empezó a cortar cabezas, brazos y piernas sin ton ni son, sin criterio alguno.

    Llegó un momento de ceguera en el que la espada parecía ir sola, y no distinguía entre amigos y enemigos. Todos eran objetivos, todos merecían ser troceados y despedazados, todos iban a caer bajo el yugo de la hoja afilada.

    Cuando se detuvo, miró a su alrededor. No quedaba nadie. Nadie. Solo él, sentado sobre una montaña de cadáveres.

    Lo primero que pensó es que ser el último superviviente tenía mucho mérito, pero lo peor era preguntarse quién iba a limpiar, guardar y enterrar todos aquellos trozos de cuerpos humanos.

lunes, 29 de junio de 2026

El sol siempre acude a la cita

    Todos se habían reunión para ver la salida del sol.

    Sabían a qué hora se iba a producir, así que habían llegado con tiempo y se habían dispuesto de la mejor forma posible para disfrutar del espectáculo.

    Lamentablemente, no solo había llegado el momento, sino que la hora se había pasado, y el sol seguía sin aparecer. Noche cerrada, de hecho, sin atisbo de amanecer.

    - El sol llega con retraso -había dicho alguien.

    Era un poco sorprendente, porque el sol suele ser muy puntual, pero todos pensaron que algún suceso inesperado, sobrevenido y tremendamente extraordinario había acaecido.

    - Y ahora que hacemos... ¿Esperamos?

    Hubo quien quiso saber si alguien conocía el número de teléfono del sol, para llamarlo y mandarle un mensaje. O para geolocalizarlo. Pero nada.

    Al final, tras un buen rato, la gente se fue dispersando. Estaban preocupados, pues no sabían si el sol volvería o se había ido para siempre; pero, sobre todo, estaban decepcionados, porque el sol, siempre tan cumplidor al acudir a sus citas, en esta ocasión los había dejado tirados.
    

viernes, 26 de junio de 2026

La pistola y los documentos

    - Solo quiero los documentos. Dámelos.

    Cada uno de ellos tenía el cañón de sus respectivas Glock 17 bien pegadito a la frente de su contrincante. La escena era un poco inverosímil, pero no cabía duda de que, en aquel enfrentamiento, no saldrían vivos los dos.

    - Esos documentos me pertenecen.

    Cualquiera de ellos podía haber apretado el gatillo, pero nada hacía pensar que el otro no iba a tener tiempo, fuera en un gesto instintivo, fuera en el último impulso antes de encarar a la muerte, de apretar, a su vez, el suyo.

    - Te digo que me des esos documentos.

    De repente, sonaron dos disparos. Rápidos, sucesivos, pero salidos de la misma arma. Los dos contrincantes cayeron al suelo con los cráneos reventados. Y entonces, solo entonces, un tercero apareció de detrás de un armario, pasó por encima de los cadáveres aún calientes y tomó, con total parsimonia, el fajo de papeles.

    Cuando salió de la habitación, los dos asesinados quedaron abandonados, tirados en el suelo, sin sus apreciados documentos. Sus ojos, que habían quedado abiertos, seguían apuntándose mutuamente.