domingo, 11 de enero de 2026

Solo una vez más

     - Dame un poco, por favor. Será la última vez...

     La verdad era que el tipo parecía desesperado. Ojos rojos, manos temblorosas, labios vibrantes... y un tono de voz que parecía mezclar el ansia con un inquietante fondo de amenaza.

     - No te conviene -le dije, cortante.

     Me miró de hito en hito, enajenado, como si no diera crédito a lo que le estaba diciendo.

     - Claro que me conviene, joder -me contestó, y ya antes de ese "joder" había yo percibido su tono imperativo. - A todos nos conviene. Es la poción mágica, maldita sea. Vamos, solo una vez más...

     Negué con la cabeza.

     - A nadie le conviene, porque luego todos piden más. Esta poción es una condena.
     - ¡Esta poción es la salvación!

     Y me agarró la muñeca con una rapidez y una fuerza que me cogieron por sorpresa.

     - ¡Fuera de aquí! -grité, en un último intento de intimidación.
     - No hasta que me des un poco más -dijo en un susurro, como amenaza definitiva.

     Utilicé mi mano libre para golpearlo en la cabeza con un objeto contundente, el primero que tuve al alcance. Cayó al suelo, inconsciente, con una brecha en la cabeza de la que no paraba de manar sangre.

     - Tuve que decidir, entonces, si le daba la poción y le salvaba la vida, o si le evitaba la condena de pasar el resto de su vida enganchado a ella.

viernes, 9 de enero de 2026

¿Adónde quieres ir?

     No me atreví ni a preguntar. El caso es que, en cuanto pulsé el botón, aquel vehículo comenzó a desplazarse a velocidad de vértigo. Yo, en su interior, observaba las calles, los edificios, dejándolos atrás cada vez con mayor rapidez.

     Tanta rapidez que, a partir de cierto punto, toda la realidad comenzó a transfigurarse. Los objetos se alargaban, se deformaban y acababan convertidos en fogonazos de color. Vi la ciudad desaparecer ante mis ojos, y vi cómo en su lugar surgían, aparentemente de la nada, bosques de densa vegetación.

     No tardé mucho en darme cuenta de que no había viajado en el espacio, sino que había puesto en marcha una máquina del tiempo.

     Lo que no podía precisar era si había viajado el futuro, o al pasado. Hasta que los vi a ellos, abalanzándose sobre los protectores de la máquina.


miércoles, 7 de enero de 2026

Entre dos mundos

     Dicen que los fantasmas no son corpóreos, que atraviesan las paredes, que podrías atravesarlos sin percibirlo, tan solo una extraña sensación momentánea de frialdad en el alma.

     Por supuesto, no sirve de nada dispararles con un arma de fuego, pues la bala continuaría su camino sin alteración alguna.

     Tienen suerte, los fantasmas.

     Por eso, cuando me encontré ante aquella aberración que me apuntaba a la cabeza, no lo dudé. Levanté mi arma y le disparé. Cayó hacia atrás, herido de muerte. Por supuesto, él había tenido tiempo de dispararme pero, como suponía, la bala pasó por mi cuerpo sin dañarme lo más mínimo y se incrustó en la pared a mi espalda.

     Confirmé, de ese modo, mi condición de ente no corpóreo y, al mismo tiempo, entreví un interesante futuro como detective, resolviendo misterios entre dos mundos.


viernes, 2 de enero de 2026

La ubicuidad

     "He estado en tantos sitios que ni siquiera los recuerdo", me dijo, mientras le daba un sorbo al vino recién servido.

     Le dije que era normal, que esas cosas pasaban. No podías recordarlo todo como Funes el memorioso.

     "Que no, que no", contestó, con ese ímpetu de quienes te llevan la contraria incluso cuando has intentado darles la razón. "Quiero decir que no recuerdo ya ningún lugar. Ninguno".

     Me reí, azorado.

     "Que no te rías, coño, que es verdad".

     Le pregunté dónde nació, y me dijo que no lo sabía; dónde había hecho sus estudios, y tampoco; dónde vivía, y nada. Le pregunté dónde habíamos estado hacía cinco minutos y deduje, de su gesto, que, en realidad, era incapaz de recordarlo.

     "Creo que mi cerebro ha implosionado y que, a fuerza de introducirle datos, ha dejado de recordar ninguno", concluyó, no sin una cierta pesadumbre.

     Quise seguir indagando, y le pregunté cómo hacía para sobrevivir, dadas las circunstancias.

     "Vivo al día", contestó. "No recuerdo los sitios, pero sé llegar a ellos. Me fallan los datos, pero no las referencias externas".

     Divertido, le dije que era hora de que dejáramos el vino y nos fuéramos a casa.

     Me miró como si no me hubiera visto en la vida.

     "¿Y tú, quién eres?".