domingo, 11 de octubre de 2026

Algo asoma

    Caminando por una de las naves laterales de la catedral di con una capilla que llamó mi atención. Y en ella, en concreto, un lienzo rodeado de un marco dorado que representaba la escena, pintada al óleo, de una comida en un refectorio monástico.

    En la penumbra de la retirada capilla, aquel cuadro destacaba por la viveza de sus colores, por la sencilla actividad de los monjes en el representados, por la naturalidad de sus facciones. Se diría que iban a ponerse a hablar en cualquier momento.

    Una figura llamó mi atención. Se trataba de un monje con el rostro tapado por una capucha. Se sentaba en uno de los extremos de la mesa, hasta el punto de que su cuerpo aparecía cortado, saliéndose del marco. Supuse que en algún momento alguien había recortado el lienzo por cualquier motivo, dejando de aquella guisa al monje en cuestión.

    El cuadro me gustó tanto que volví a la catedral tres días después solo para verlo. Me acerqué a contemplar la escena, pero el monje ya no estaba. Todos las demás figuras desplegaban las posturas y el colorido que ya recordaba de la vez anterior. Pero aquel monje que vi sentado en un extremo de la mesa había, literalmente, desaparecido.

    Confuso, salí de la catedral pensando que era mejor no hacerme demasiadas preguntas ni contarle a nadie la experiencia, a riesgo de ser considerado un loco. Terminó de reafirmarme en dicha determinación el hecho de que, mientras cruzaba el atrio camino de la salida, creí verlo, al mismo monje del cuadro, sí, asomando medio cuerpo y mirándome, bajo su capucha, desde detrás de una columna.

domingo, 4 de octubre de 2026

Predicción

    Se plantó ante él, lo miró a los ojos y, sin mostrar signo alguno de alteración o nerviosismo, le dijo:

    - Mañana vas a morir.

    Y, sin decir nada más, se fue.

    El día siguiente fue el peor de su vida. Eterno, interminable. Solo respiró al llegar la medianoche. Se preguntó entonces por qué había hecho caso a las palabras de aquel loco insignificante que, probablemente, le hubiera dicho lo mismo a cualquiera que se hubiera cruzado en su camino.

    Tuvo la sensación de haber desperdiciado el día sumido en sus temores. Tuvo, además, la sensación de que podía haber muerto aquel día, sí, pero que también podía hacerlo el día que acababa de comenzar, o el siguiente, independientemente de predicciones dementes.

    Se llevó entonces la mano a la frente y, tras unos segundos de reflexión, concluyó que la vida era un continuo, diario, enfrentamiento con la muerte. Y se fue a la cama preparando la batalla del día siguiente.

  

martes, 29 de septiembre de 2026

Alguien me está siguiendo

    Alguien llevaba un tiempo siguiéndome. Ya desconfiaba yo de aquellas calles oscuras y solitarias, en las que el eco de tus propios pasos se repite hasta retumbar en tus oídos.

    Había recorrido un par de calles, y girado otras tantas veces, en lugares tan aleatorios que era altamente improbable que alguien a mi espalda llevara la misma dirección que yo. Era evidente que me seguían a mí.

    Me giré un par de veces, esperando sorprender al perseguidor. Llegué a verlo, y en cuanto eso sucedía, me giraba y continuaba mi camino. En un momento determinado, comencé a correr. A mis espaldas oí un grito, alguien que pedía que me detuviera.

    Una vez confirmado que me seguían, corrí aún más rápido. Corrí con desesperación. A punto estuve de tropezar en más de una ocasión, y de darme de bruces contra un muro, una esquina o un pivote.

    Finalmente me detuve, agotado, entregado a mi destino funesto. Observé como mi perseguidor se aproximaba. Portaba en la mano un objeto alargado, y di la vida por perdida.

    - Se le ha caído esto -dijo, mientras abría su mano y me enseñaba un bolígrafo negro.

domingo, 20 de septiembre de 2026

Un paso adelante

    Le había costado un mundo decidirse, pero por fin estaba dispuesto para iniciar la marcha. Justo entonces, sin embargo, observó que alguien venía hacia él. Levantó la vista y sus miradas se cruzaron, cargadas de desconfianza y de sospecha.

    Solo después de estar seguro de que el otro había pasado de largo se dispuso, esta vez sí, a avanzar.

    Lamentablemente, en ese mismo momento observó que un grupo se le acercaba de frente. Los miró. Lo miraron. Gestos serios y ni una palabra. El tipo de gente que agradeces que pase de largo y se aleje de ti.

    Sacudió la cabeza, ligeramente consternado. Ahora sí, no obstante, estaba dispuesto a comenzar el avance inexorable.

    Levantó la cabeza para mirar el horizonte al que se dirigía y lo que vio lo dejó helado. Hordas de personas, un mar de gente caminaba hacia él. Era tanta que la masa humana se perdía en un punto de fuga indeterminado; tanta, que ocupaban todo el ancho del camino.

    No arrancó; no avanzó. Quedó en suspenso, preguntándose si, tal vez, la cosa era que él iba en dirección contraria.