Las islas desiertas no desaparecieron con la Sociedad Geográfica de Londres, ni tampoco dejaron de existir tras el siglo XVIII y los grandes exploradores.
Las islas desiertas siguen existiendo, ajenas al ritmo de vida de su entorno, tan ocultas y a veces tan indistinguibles que ni el Capitán Cook, ni el mismo Doctor Livingstone las encontrarían aunque las buscaran durante años.
Hay islas desiertas tan pequeñas que no ven el sol, tapadas continuamente por la sombra de otras islas mayores que la rodean.
Hay quien naufraga en alguna de estas islas, quien hace lo posible por salir de ellas, quien termina por enloquecer sin saber por qué.
Estas islas pueden estar muy cerca, bajo tus mismos pies, en el bloque de al lado, en el interior de una persona insignificante que se cruza contigo en la calle.
Y sus náufragos piden ayuda.
Uno de ellos, estoy convencido, fue quien me mandó ese mensaje en una botella, esa botella que salió como por arte de magia en cuanto abrí esta mañana el grifo del lavabo.
domingo, 12 de diciembre de 2004