Después de mucho tiempo cavilando, por fin he decidido qué voy a hacer cuando sea megamillonario. No hay tantas posibilidades para gastar cuando se tiene tanto dinero como el que yo voy a tener, en realidad la mayoría de los objetos dejan de tener valor tan pronto como descubres que pagar su precio no supone ningún esfuerzo para ti.
Buscando, pues, he encontrado la compra perfecta. Una isla. Pero no una isla cualquiera, claro, cualquier millonario de tres al cuarto podría tener una isla si quisiera. Yo compraría la isla donde habitan los famosos que un día lo fueron y que quisieron dejar de serlo, esos que oficialmente han muerto aunque todos sabemos perfectamente que no es cierto, que fingieron su muerte y ahora viven plácidamente lejos de los flashes y de las miradas indiscretas, en un lugar donde el tiempo se ha detenido para darles cobijo.
Por supuesto, les cobraría el alquiler correspondiente (ya saben, dinero llama a dinero).
Qué buenas tardes puedo pasar en verano en mi playa privada con mis inquilinos, Elvis moviendo la cadera, Jimi Hendrix practicando unos punteos, Kurt Cobain departiendo sobre filosofía con Adolf Hitler, Napoleón flirteando ricamente con Marilyn Monroe, Chanquete amenizando la velada con su inseparable acordeón, el padre Apeles en agitada disputa religiosa con Karl Marx...
Deben de ser momentos entrañables. Espero llegar pronto a ser megamillonario, ya no tiene que quedarme mucho...
martes, 21 de marzo de 2006