Mola eso de sentirse observado, ¿verdad? Intuir unos ojos escrutadores posados directamente sobre ti, atentos a todos tus movimientos, analizando tus acciones, juzgando tus actitudes, seleccionando, incluso, tus pensamientos.
El mero hecho de ser espiado hace que uno se crea importante, ¿no es cierto? Puestos a buscar, podrían aparecer millones de personas dignas de ser espiadas, gente con cosas que ocultar, gentes que desarrollan actividades o ideologías ilícitas. Y sin embargo el elegido has sido tú...
La teoría de la conspiración, es, pues, realmente sugerente. Alguien está haciendo algo que ni siquiera sospechamos, personajes oscuros y sombríos que conocen nuestra vida mejor que nosotros mismos, poderes tan poderosos que apenas toman forma visible, que actúan como fuerzas que de un soplido mueven los hilos de nuestras sociedades, grupos humanos tan selectos y desconocidos que extienden a su gusto su influencia sobre los seres mediocres que ni tan siquiera podemos soñar con escapar a su control.
Mola la teoría de la conspiración. Mola como teoría, claro, porque si existe de verdad ya no mola tanto. A no ser que consigamos formar parte de ella.
viernes, 10 de marzo de 2006