martes, 7 de marzo de 2006

Parte meteorológico

Ya está bien de soportar el frío, la lluvia, la nieve, el viento y el granizo. El sol se asoma cada mañana a la ventana de su dormitorio, observa como está el tiempo y decide que hoy no va a salir de casa. No podemos culparle, sin embargo, nosotros actuaríamos de la misma manera si pudiéramos hacerlo.
Maremotos devastadores, huracanes ciclópeos, tornados, terremotos, sequías e inundaciones, tormentas tropicales en los polos, y heladas en las selvas ecuatoriales. El parte meteorológico mundial para lo que queda de siglo podría añadirse como apócrifo capítulo XXIII al Libro del Apocalipsis, y por la bestia de siete cabezas y siete cuernos en cada una de ellas que no desentonaría en absoluto.
Y aún nos queda el meteorito definitivo, el que nos sepulte y condene a la Tierra a una nueva Era Primigenia, no esas piedrecitas que caen de vez en cuando en Siberia. Sólo entonces, cuando la piedra del David universal venga a estamparse contra nuestro Goliat terráqueo, sólo entonces, podremos llamar a los que nos hablan del tiempo, con propiedad más allá de la etimología, meteorólogos.