Es el problema de las carreteras secundarias. Si están en obras, son un auténtico fastidio.
Cuentan que un conductor se encontró en una de estas situaciones. Un obrero le indicaba que parase sosteniendo una señal de STOP con su mano derecha. La vía era estrecha, de modo que no le quedó otra alternativa que esperar.
Dos horas después la situación seguía sin variar, salvo por el hecho de que una cola inmensa se extendía detrás del coche del primer conductor impidiéndole cualquier intento de salir marcha atrás de lo que se empezaba a convertir en una horrible pesadilla. El obrero, por toda respuesta, había abierto un termo de café y arrojaba en una taza los correspondientes terrones de azúcar.
Todo pasa, afortunadamente. Sobre todo los enfados. A medida que las semanas fueron pasando el conductor tuvo que acostumbrarse a su nuevo estado, a ser la punta de lanza de un atasco por obras.
Tres años después, y por mera cuestión de comodidad, los vehículos se habían adecuado a la vida sedentaria, el conductor había conocido a una chica diez vehículos más allá, se había mudado con ella (conducía una monovolumen) y criaban un bebé precioso.
Cada mañana se levantaba y veía al mismo obrero sirviéndose el café. Ahora deseaba con toda su alma que las obras no concluyeran nunca para poder hacer perdurar ese estado de felicidad que le embargaba...
lunes, 27 de marzo de 2006