Se me ha aparecido en sueños el genio maligno cartesiano (yo, al menos, pienso que estaba soñando, aunque quizá haya sido real y mi confusión tan solo responde a una estratagema del genio para hacerme caer en el error).
Yo le he dicho que existo, que para comprobarlo sólo tiene que observar cómo pienso, cómo pensaba en esos mismos momentos. Él, sin embargo, me contestó que no, que yo no pensaba, que era él, todopoderoso y juguetón, quien me hacía creer en ello, quien me ofrecía una impresión falsa de existencia que yo adoptaba sin rechistar. Yo, en definitiva, no había pensado nunca, pero, gracias a sus malas artes, creía que sí, y por tanto me creía vivo y real.
Sus argumentos eran irrefutables, así que no tardé lo más mínimo en dejarme convencer...
Lo pasé mal, tengo que admitirlo. El que te hagan dudar de tu propia existencia no es un trago que agrade a nadie. Pero ya lo tengo asumido. No existir no es tan malo, sobre todo cuando eres consciente de ello, cuando el genio te ha dicho lo que hay. No soy, y no me importa. Mi vida es sólo una ilusión, pero es mejor que sea así.
El genio ha sido bueno conmigo, al menos ha hecho gala de una sinceridad loable. Qué más da que me estuviera engañando durante años, perdonar es propio de las buenas personas, incluso de las que no existen...
viernes, 31 de marzo de 2006