Yo, contrariamente al resto de la gente, necesito pruebas para instalarme en el escepticismo.
Siempre he creído en fantasmas, lo admito, y siempre he esperado el momento en el que un espíritu se me aparecería y me haría una revelación. La gente normalmente no cree en ellos hasta que sus experiencias le obligan a admitir su existencia, pero mi caso es, exactamente, el inverso. Yo, que siempre he tenido una fe ciega en lo paranormal, estoy empezando a perderla por falta de pruebas.
Toda una vida mirando tras las puertas, en los espejos, tras las esquinas, poniendo psicofonías, convocando al diablo y sus acólitos para no recibir respuesta alguna tenían que mermar, necesariamente, la fuerza de mis convicciones.
¿A qué esperan para dárseme a conocer? Practicaría la ouija, pero eso sería como salir a buscarlos, le haría perder todo el encanto a la situación. Sería como si te tocara el euromillón después de haber comprado un boleto: excitante, pero posible. Prefiero que vengan a mí, sin que yo tenga que ir a buscarlos, que me toque la loto sin haber participado, sentirme por una vez un verdadero elegido...
¡Fantasmas del mundo, uníos!
martes, 11 de abril de 2006