Entre los placeres de los que nos permite disfrutar el mundo moderno, ninguno tan completo y satisfactorio como el poco valorado placer de hacer cola.
¿Se han fijado en lo que supone guardar cola durante minutos, horas, días enteros? Supone un acto supremo de civismo, de máxima educación, de respeto por los que están delante y por el ser humano en general; supone al mismo tiempo, una reafirmación de la propia personalidad y del individuo como miembro del grupo (¿quién podría sentirse maltratado, marginado o infravalorado siendo uno más en una cola milenaria?); supone un reforzamiento de la conciencia colectiva y una prueba de vida (sólo los vivos pueden guardar cola, por supuesto).
Muchos ya lo saben, y se dedican a hacer cola, aquí y allí, continuamente. Yo mismo me he hecho guardador de cola profesional, y mi misión consiste en ser uno entre muchos, en formar en línea compacta que espere pacientemente su turno, en llegar, extático de alegría, al principio de la cola y recibir el justo premio a mis horas de espera.
¿Existe acaso una mejor manera de sentirse realizado?
viernes, 7 de abril de 2006