lunes, 29 de mayo de 2006

El cementerio de las moscas

"(...) llegó un momento en mi vida en el que la rutina se apoderó de mí de tal forma que sentí la necesidad imperiosa de abandonarla, de buscar nuevas metas, de dedicar mi tiempo a perseguir las respuestas que desde siempre me había estado haciendo. (...) No me dolió lo más mínimo dejar mi trabajo, a mis colegas, a mis jefes. Tampoco ellos mostraron el menor gesto de melancolía en la despedida. (...) Siempre me había preguntado qué sucedía con las moscas cuando morían. No era una pregunta por el más allá, era más bien una cuestión física... Si en el mundo sobreviven unos seis mil millones de seres humanos, el número de moscas que sobrevuelan la atmósfera debe de ser casi infinito, y más cuando su población se regenera casi a diario, pues la vida de una mosca común apenas sobrepasa las cincuenta horas. Se trataba de encontrar el lugar donde ocultaban los cadáveres, porque no es nada fácil encontrar sobre el suelo una mosca fallecida de muerte natural. (...) Comprobé la longevidad de los especímenes. Imaginé un mundo poblado por una gruesa capa de cadáveres de insectos en descomposición, miles de miles de trillones de restos quitinosos sobre los que caminaríamos en convivencia amable. Decidí colocar un rastreador en varios especímenes. Sólo así sabría dónde acaba, en libertad, la vida de una mosca..."

Extracto del Diario de investigación del Doctor Luciano Aparicio, antes de su muerte, el 23 de marzo de 1956. Las investigaciones quedaron, como la vida del doctor, inconclusas.