viernes, 2 de junio de 2006

Una sangría, por favor

Llegan los calores estivales, y comienza a apetecer una buena sangría, por supuesto.
Así que he comenzado a prepararme. ¿Utilizo un cuchillo, tal vez un punzón? No, definitivamente no, las armas blancas son decididamente vulgares, bueno, salvo la espada, pero no voy a utilizar una espada para una sangría... ¿Una jeringuilla esterilizada? Tampoco. Tanta pulcritud convertiría el acto en algo demasiado impersonal y poco significativo.
Ya está. Unas sanguijuelas. Ideal. No puedo evitarlo, soy un clásico. Me las aplicaré por todo el cuerpo y dejaré que me succionen la sangre hasta que queden bien satisfechas. Será un acto de suprema simbiosis, me lo agradecerán tanto como yo a ellas.
Son unos bichitos tan majos...
Unas buenas sangrías, y seré el rey del verano. Sin esos litros de más del engorroso líquido sanguíneo mi piel quedará pálida, melancólica, lánguida como la de una dama renacentista. Y justo cuando los inentendidos se tuestan al sol como sórdidos chicharrones, cuando el moreno es el triunfo, yo saldré a pasear mi aspecto cadavérico y mi aura de espíritu vagante por los oscuros rincones de la noche...